Connect with us

Literatura Erótica

69 sensaciones

Mi vagina estaba mojada, la sentía empapada, la rocé con mis dedos para calmar las pulsaciones.

Published

on

Photo: Pinterest

¡Compártelo en tus redes!

Por Violeta.

@historiasdecama

Hablando de masturbaciones y voyerismo

Me levanté con calor, sedienta y mojada. Mi ansiedad no se calmaba ni con un baño de agua fría y menos si intentaba masturbarme y quitarme las ganas solita. Aunque a veces me funciona, esta vez era tan fuerte y profunda que nada podia ayudarme a recobrar la cordura. La lejanía y la falta de sexo han hecho que mi vagina se impaciente por la necesidad de que la penetren. Siempre deseosa de su cuerpo y ese era el gran problema. Lo estaba extrañando a él y a su perfecta forma de complacerme. El café de la mañana, los huevos esponjados y las tostadascon el toque más perfecto ¡Su sonrisa!
Y pienso ¿Qué hago aquí sin él? Los recuerdos me azotan la imaginación. Las tantas veces que me arrebataba un beso, me alzaba por mi culo y me cogía con toda esa fuerza salvaje que lo caracteriza. No hay mejor polvo que él y nadie ha dado en el punto de hacerme gemir con tanta vehemencia como lo hace él, de día y de noche.
Teníamos sexo perfecto, enloquecido y enfermo. Nuestra conexión y nuestros cuerpos encajaban sin defectos, él sabía cuando yo quería suave y cuando duro. Nos reconocíamos, ese era nuestro gran secreto, conocernos en cada gesto y cada pedazo de piel.

Estaba en mi cama, llena de sábanas y solitaria, me azotaba la peor de las incertidumbres, la necesidad. Ya son 69 días sin él y sin su mejor parte, mi favorita.

Me llamó por video, le contesté enseguida, la emoción que me invadía. Lo vi con esa mirada lasciva que se desbordaba y quería traspasar la cámara. Coincidimos en nuestros deseos, parece que hubiese olido mis ganas. Sus ojos cafés brillaban igual que cuando llegaba al orgasmo encima de mí. Él casi siempre estaba encima de mi cuando se venía, no por cuestión de falta de creatividad en las posiciones, al contrario, era porque en esa yo podía mirarlo fijamente a los ojos y saber que pasaría luego de que le dijera que me diera más duro. Cuando me daba más duro, siempre terminaba la faena, era el punto de éxtasis y si yo no alcanzaba a llegar al mismo tiempo, él provocaba mi orgasmo justo en los segundos posteriores. Su pene nunca bajaba de tamaño enseguida, siempre con una firmeza infinita y deliciosa seguía moviendo al compas de mi vagina para hacerme gemir más duro. Creo que llegaba más a su punto limite cuando me veía a mi, perdida en mi placer.
-¡Déjame verte! ¡Muévete! ¡Quiero verlo bien! Me dijo.
Le sonreí. Y me puse a medio lado.
Se refería a mi culo, delira con él, me lo ha repetido una y otra vez. Dice que nadie lo calienta como lo hago yo, que solo con recordarme se excita, que soy la dueña de sus erecciones. Esa confesión me sube el ego, me moja las entrañas y me acosa los buenos pensamientos. ¡Me encanta saberlo!
-¡Es perfecto! Dijo. Tenía su pene entre sus manos. Lo manoseaba y me lanzaba miradas pervertidas.
Podía verlo por debajo de su pantalón, crecía como un sayayín revolucionario. Siempre me llama cuando tiene ganas de mí, con su pene tamaño extra grande me hace delirar, quisiera que me follara siempre, sin limites de hora.
-¡Nadie lo hace crecer como tú! Me dijo. Sentía pulsaciones en mi vagina, me encanta saber que nadie provoca sus ganas mejor que yo.

-¡Soy una actriz porno! ¡Deberías pagarme por esto! Le sonreí.
-¡Exclusiva para mi! Contestó.

Me quité la ropa, quedé en tangas y con las tetas al aire. Comencé a coquetearle tirándole besos y tocándome las tetas.
¿Te gusta? Lo miraba fijamente.
Él estaba incómodo, lo sé.
-¡Si sigues así me tocará ir corriendo para el baño!
-¡No! ¡Quiero verte mientras lo haces! Le supliqué.
Abrió la corredera de su pantalón y me mostró al culpable de mis perturbaciones, dueño de todas mis sensaciones y posiciones. Su pene era justo lo que yo quería ver. Deseaba que me cogiera por mi pelo largo y me sometiera a sus perversiones. Besarlo hasta que se viniera en mi boca, o mejor hasta enloquecerlo y me penetrara sin tenerme compasión. Pero la distancia era nuestro enemigo y esa calentura no podía satisfacerla con toda esa adrenalina con la que me la estaba imaginando.
Estaba completamente desnuda, con mis pezones impacientes, con ganas de sentir su lengua mojándolos. Hacia lo que él me decía. Le abrí mis piernas frente a la cámara. Le dejé ver mis secreciones, me volteé y me puse en cuatro.
Con su expresión lo dijo todo,
-¡Justo ahí te quiero dar! Tenía las manos desgastadas, movía su pene a su gusto.

Me mantuve en esa posición por unos segundos. Mi vagina estaba mojada, la sentía empapada, la rocé con mis dedos para calmar las pulsaciones. Sentí su respiración entre cortada hasta que escuché un suspiro.

-¡No te imaginas cuanto te extraño! Expresó.
Nos miramos fijamente, él sonrió y recordé esa mirada perdida, el mismo reflejo lo tiene cuando se viene encima de mi, con todas sus perversiones a flote. Fueron 69 sensaciones juntas.
-Violeta, no es bueno que me masturbe frente a ti.
Lo miré sin remordimientos,
-¡Ya cállate, a mí me encanta! Le dije.

 

Literatura Erótica

Me mojé más, mis tangas estaban empapadas, estaba mojada desde la primera vez que lo vi a los ojos- Historias Eróticas

Published

on

Ilustración: Juan Sin Miedo

¡Compártelo en tus redes!

Una historia en los tiempos de Tinder

Por Violeta.

@historiasdecama

Mateo. 39 años. 6 millas de distancia.
Observé sus fotos, se veía interesante.
Le di un like e hicimos match.

Estábamos en el balcón de un bar, nos deleitábamos con los sonidos y los contrastes de la calle. La luna llena estaba bella e iluminada. En nuestra mesa habían dos mojitos de Maracuyá, cada quien tomó el suyo en sus manos.
-¡Salud! ¡Mirando a los ojos! Le dije con picardía.
-¡Lo sé! Contestó.
-¿Conoces la tradición? Le pregunté para indagarle las ganas.
-¡Si! De igual forma debo corregirte. Me miró a los ojos, sé que decían pero quise esperar más.
-¿Qué? Le pregunté.
-¡El trago se toma con la mano donde está el corazón!
Observé mi mano y volteé mi mirada hacía él.
-¡Yo no tengo corazón! Le sonreí.
-¡Yo tampoco! Me contestó con una sonrisa delatadora.
-Entonces ¡Salud! Volvimos a chocar los mojitos.
-¿Qué tenés en la cartera? Las mujeres siempre tienen carteras muy grandes, pero en la que traes no creo que haya mucho.
No intentó abrirla.
-¡Un labial! Le contesté ¡Por si se me corre! Acentué. Me miró como si hubiese entendido mi sarcasmo.

Para mí fue muy difícil estar sentada frente a él y aceptar una cita a ciegas. Le esquivé la invitación varias veces porque me daba miedo que no fuera a funcionar y terminara en un fiasco más, porque para ser sincera,soy pésima eligiendo polvos por foto, me encantan que estén deliciosos y por foto es difícil saberlo, algunos pasan la prueba y el 90% les doy un good bye.
Debo confesarles que abrí TINDER y soy una experta haciendo clic en la X roja que aparece en la aplicación y no puedo evitar ignorar cada super like (Advertencia de que me súper gustas) que he recibido. Si, ya sé que una mujer como yo no debería estar buscando lo que no se le ha perdido en una aplicación donde casi todos los hombres están ansiosos por desbordar sus deseos de follar sin compromiso y sin la mínima intención de brindar una copita de vino blanco.
Aclaro, eso no me ha pasado a mí porque casi siempre evito pasar un mal rato.
Estaba en la cama, de verdad sin mucho que hacer. He bajado y eliminado mi perfil en esta aplicación muchas veces, es que me aburro de hablar, de las fotos feas de chicos con sus novias o hijos ¿A caso no saben que esta es una forma de ligar? Casi nunca ponen su mejor foto, en cambio, yo sí. Escojo la más linda, interesante y donde se note que tengo clase, aunque después saque las garras. Bajé Tinder porque estaba de viaje en una ciudad diferente y lo confieso, quería saber cómo era la oferta del mercado local.
Quiero decirles la verdad, no esperaba más que encontrar una manada de lobos hambrientos, porque para quienes pretenden encontrar una historia rosa aquí, me permito contradecirlos y enfrentarlos a la cruel realidad.
¡Eso no va a pasar! En esta aplicación hay pocos caballeros y muchos hombres ofreciendo penes sin garantías de calidad.
He recibido mensajes en la madrugada y otros tan explícitos como:
-¡Estoy en mi apartamento! ¿Vienes y follamos rico?
Sin embargo de todos los mensajes fuera de lugar que he recibido, hubo uno en particular que me dejó sin palabras. Abro comillas para citar textualmente al loco “Si quieres algo serio conmigo, estás en el lugar equivocado” No tuve que pensarlo dos veces para mandarlo al sitio de donde salió. Evidentemente lo eliminé sin decirle nada sobre su comentario, soy de las que piensa que si te quieres follar a una mujer, por lo menos, debes ser más creativo y trabajar por eso.
Apenas me había escrito hola y en su segunda frase me envía este mensaje, como si yo estuviera detrás de él, como si no me acordara que las únicas veces que he estado detrás de un tipo, es cuando estoy encima de él, besándole la espalda, las nalgas y las ganas de mi.
Y entonces me pregunté.
¿Qué rayos hago aquí? Nunca concreto una cita, evado las salidas y me da pereza que me salga un hombre totalmente diferente al de la foto, más gordo o menos alto.
Por los anteriores motivos, decidí colocar en mi perfil:
“Yo solo salgo con caballeros” y la palabra caballeros se refería a que por lo menos no me escribieran a las dos de la mañana o me invitaran a sus casas a ver una película en Netflix, sin una cena previa y con la única intención de follarme y nada más.
En fin, cesé la búsqueda. Estaba resignada hasta que un domingo recibí un texto de los pocos match que había conseguido en los pocos días que llevaba activa.
-¡Hola! Soy un caballero uruguayo, estoy desde esta noche en esta ciudad, me gustaría que me hicieras algunas recomendaciones de dónde podría ir.
Observé sus fotos antes de contestar, se veía guapo e interesante pero aún no le encontraba el “plus”.
Le escribí algunas recomendaciones de bares, restaurantes y sitios para conocer.
-¿No salís hoy? Me preguntó.
-¡No! Contesté. Acabo de llegar de la playa, fue un día largo y estoy un poquito cansada.
Él no insistió. Sólo me dijo que otro día estaría encantado de ve
rme y tomar un café para que no sintiera que estaba en una cita.
En ese momento me agrado que no insistiera, eso me transmitía que no estaba tan ganoso y que nuestro encuentro no se resumiría a una historia de cama desde el inicio, sin embargo yo quería explorar más y me dio curiosidad su pasividad.
-La verdad yo no uso esta aplicación, me excusé. La bajé porque estaba de viaje y para ser muy sincera, hay muy poco de buen material por aquí. Escribí sin verguenza.
-¡Me alegra que no lo hayas desinstalado! Eso quiere decir que soy un privilegiado. Agregó.
– Aún no estoy segura ¡Compláceme! Envíame una selfie. Ataqué.
La foto llegó.
-¡Estoy en la cama del hotel! ¡Casi salimos! Me escribió.
Se veía mejor que en las fotos que tenía como referencia en Tinder.
-¿Qué tal? Me preguntó.
-¡Eres buen material! Le contesté. Hubiese dado cualquier cosa por verle la cara en ese momento. Sé que le subí el ego, seguramente lo tenía tan alto como los hombres de sur de Sur América.
-¿Al final no tenés ganas de salir hoy? Me preguntó.
A los hombres casi nunca les gusta que les digan que no o que les posponga sus planes. Sé que tenía curiosidad de verme y saber más allá de las fotos que mostraba.
-¿Salís hoy? Insistió.
No quería sonar más descortés, de igual forma habíamos texteado por varios minutos y por primera vez en mi historia quería decirle que si a una cita a ciegas.
-Hoy no puedo, pero mañana podríamos cenar. Le escribí.
-¿Te gusta la comida de mar? Le pregunté.
-¡Me encanta! ¿Qué tenés planeado? Preguntó.
– ¡Cenar rico!
No tenía la mínima intención de coquetear con él. Me parecía agradable la idea de salir con alguien y hablar un poco. Hace mucho tiempo no tenía una cita y ya estaba preparada para hablar de temas interesantes.
-¿A qué horas y dónde nos vemos?
-¡8:30 PM! En la Plaza San Ángel, al frente de la Iglesia, es súper fácil llegar a esta plaza. Si no llego a las 8:30 en punto, me esperas 15 minutos más. Le dije.
-¡Te esperaré en el altar hasta que llegués! Me envió un mensaje de voz con su acento particular.
No texteamos más hasta que lo encontré sentado en las escaleras en frente de la Iglesia San Ángel, tal cual como habíamos acordado, 15 minutos después de las 8:30.
Lo ví y sonreí, me puse nerviosa, aunque lo disimulé muy bien. Él se puso de pie, estiró su mano y me saludó con un beso en la mejilla.
-¡Es un gusto conocerte! Violeta.
Definitivamente se veía muchísimo mejor en persona. Lo miré sin que se diera cuenta que lo estaba detallado de pies a cabeza y que en menos de un minuto supe que le escribiría una historia ¿Por qué? Porque hace mucho tiempo no miraba unos ojos que me hicieran volver a tener malos pensamientos y desear sentir su lengua besando mis profundidades. Sus ojos eran café oliva ¡Eran bellos! Que mala manía la mía de estarme enamorando de los ojos. Él tenía una mirada que me confundía, no demostró hambre, pero olfateó y eso delató su lobo oculto. Yo soy buena observadora y percibo las ganas.
Ya sé que ando prometiéndoles a casi todos que les escribiré una historia, pero quiero confesarles que no todos me inspiran y no a todos quiero inmortalizarlos en mis letras, a Mateo sí.
Después de saludarnos caminamos, quería mostrarle la ciudad. Le tomé algunas fotos y le enseñé algunos monumentos.
¡Wow! Susurré para mí.
Estaba guapo, alto, con un cuerpo atlético y un culo divino, si tenía un culo divino. Esa noche vestía una camiseta básica negra, unas pantalonetas beige y uno zapatos cafés.
Sin mentir, era como un modelo que se había escapado de una revista y estaba caminado a mi lado.
Hace mucho tiempo no me gustaba alguien a primera vista. Es que yo soy caprichosa y me gusta elegir quien me gusta. Mateo me gustó y me sentía feliz de no haber rechazado su invitación y de estar caminando las calles con semejante obra de arte uruguaya.
¿Quieres comer? Le pregunté.
-¡OK! Vamos donde tú me digas ¡No conozco! Ahora eres mi guía. Le sonreí. Quisiera ser todo y más, me reí de mis pensamientos pecaminosos.
No era para menos, repito era una obra de arte uruguaya. Era como una mezcla de perfección y salvajismo. No me pregunten como sabía que lo era, tengo esa virtud, interpreto movimientos y miradas y sé que desde que me vio tenía en su mente la forma como me iba a bajar los pantalones que llevaba puestos.
Mi piel se erizó desde el primer momento que vi en su mirada las ganas de robarme gemidos.
Me miró fijamente ¿Te puedo dar un beso? Y se abalanzó pero lo esquivé y terminé interponiendo mi mejilla entre su boca y la mía. Él la besó varias veces intentando encontrar mis ganas más cerca. Suspiré, si quería que me besara
-¿Por qué me quieres besar? Le pregunté.
-¡Sos linda y me encantaste!
-¡Convénceme! Le dije con un aire de picardía.
Se acercó lentamente y me dijo susurrándome al oído.
-¡Sos linda y me encantas! Sentí como la sangre me recorría con más fuerza. Lo miré a los ojos y encontré ese brillo que me deleita, me encanta leer las miradas y en él veía deseos de follarme sin parar, hacerme venir hasta el infinito.
-¡Tenés una boca carnosa! Quiero besarla.
Me agarró por el cuello y me respiró en la nuca. Me dio un beso corto, yo le correspondí rozando mi lengua por sus labios ¡Tenía el cuerpo invadido de deseos por él!
-¡Estoy pasando una noche divina contigo! Pero mañana debo despertarme muy temprano, mis amigos y yo vamos a bucear ¡Te conté antes!
– ¡Si! ¡Entiendo! ¿Te gusta mucho bucear? Le pregunté mientras esperábamos la cuenta.
– Es una experiencia extraordinaria, además que para estar debajo del agua hay que estar muy equilibrado.
-¡Nunca he buceado y no creo que lo haga! alguna vez intenté surfear y terminé arrastrada por las olas y sin mi bikini de la parte de arriba.
-¡Me hubiese gustado ver eso! Me dijo y me tomó la mano.
-¿Mi revolcón? Le pregunté.
-¡No! ¡Tus tetas al aire!
-¡Son pequeñas!
-¡Son armoniosas!
Me reíe.
-¿De qué te ries?
-¡De que te caben perfectamente en la boca! Ataqué.
Abandonamos la mesa donde estábamos sentados, él me tomó de la mano para ayudarme a bajar las escaleras.
Llegamos a la salida, había un espejo gigante, pensé en verme para saber si aún tenía maquillaje, pero él me sorprendió.
Desató con furia sus ganas, sentí sus manos alrededor de mi cintura, me agarró el culo y me tiró contra la pared. Nos comenzamos a besar y no voy a negarlo, quería también sentir su lengua entre mis piernas, indagando mis perversiones.
-¿Cómo estás? Me preguntó susurrándome en la nuca.
-¡Mojada! Le contesté devolviéndole un beso.
De pronto sentí como su pene se engrandecía, con ganas de salirse y explotarse. Respiró, creo que se avergonzó, pero a mí me excitaba saber que con solo unos besos yo había logrado corromperle la mente. Él ya me estaba imaginando encima, tocando mi cuerpo desnudo y besándome los pezones, para finalmente saciarse dentro de mi vagina profunda.
-¡Que culo tan perfecto tenés! Me dijo.
-¿Qué quieres? Le pregunté.
-¡Quiero follarte! Me contestó.
Me mojé más, mis tangas estaban empapadas. Estaba mojada desde la primera vez que lo vi a los ojos, es increíble como pueden seducirme unos ojos lindos, me expresan las ganas ocultas. Quería que metiera sus dedos entre mis pantalones, los moviera a su antojo y sintiera mis deseos. Me lo imaginaba gozando de mis profundidades y complaciendo las humedades de las cuales era culpable, porque aunque estaba conteniéndome, yo quería que me follara en todas las posiciones.
-¡Tápame! Me reí de él. Era muy notorio su pene elevado. Lo abracé para intentar apaciguarlo, pero las intenciones seguían latentes.
-¿Querés secuestrarme? Me dijo al oído en un tono seductor.
-¡Yo quiero todo contigo! Pero es tarde, mañana buceas y estarás cansado. Creo que debo irme a casa y tú a tu hotel.
Me miró sin ganas de rogarme, sé que tampoco lo haría, era lo suficientemente adulto para entender que yo no iba a botarle mis cartas el primer día, es que es una regla casi inquebrantable.
¡No se lo doy a un tipo en la primera cita!
Caminamos por varios minutos tomados de la mano. Me besaba de vez en cuando y cuando se lo permitía hasta que llegamos a la estación de taxi.
-¿Estás segura?
-¡Nos vemos mañana! Le dije y le di un beso.
¿Qué si me quedé con las ganas? Tenía el clítoris palpitando como un loco, con ganas de abrirme de piernas y descargar todas las ganas que sentía cuando me besaba. Repito, yo quería que me follara en todas las posiciones.
Llegué a mi casa, me quité la ropa y mis tangas seguían empapadas. Acaricié mis tetas mientras leía su mensaje de buenas noches.
-¡Acabo de llegar al hotel, la pasé muy bien! Te mando un beso.
No le contesté.

Foto vía: https://lamenteesmaravillosa.com/cerebro-del-hombre-durante-el-sexo/

Continue Reading

La Acera Independiente

Yo soy Dante Castellblanch El primer libro de la saga La gurú del sexo

Published

on

¡Compártelo en tus redes!

Escrita por Julieth Diprieto

El próximo 2 de mayo en el marco de la Feria del Libro de Bogotá, la escritora, sexóloga y productora de teatro y tv Julieth Diprieto lanzará su novela ‘Yo soy Dante Castellblanch’, que forma parte de la saga ‘La gurú del sexo’ que nació gracias a un trabajo que realizó en la escuela donde estudió cine y televisión en ciudad de México: “En el 2008 en la escuela de  Luis Felipe Tovar en México, debíamos hacer un trabajo que consistía en escribir un cortometraje acerca de la apertura de la sexualidad y la comunidad LGTBI que apenas se estaba dando a conocer, así nació el cortometraje de La Gurú del Sexo, una sexóloga encargada de trabajar en pro de sus pacientes, compañera  y esposa del mayor gánster de ciudad Santana, Dante Castellblanch”, cuenta la autora.

 

El libro

Yo soy Dante Castellblanch es una novela de 284 páginas llenas de emociones, sentimientos, pasión, acción, una obra policíaca que combina la literatura romántica y erótica con la ficción y la acción: “La obra abarca los temas de sexualidad (parafilias, juguetes eróticos, spanking (práctica sexual que consiste en dar nalgadas o azotes), etc. Es ficción porque las ciudades y los personajes son creados, pero la mayoría con nombres reales de personas conocidas y creados con base en investigación en diferentes artes y talentos, música, pintura, escultura, poesía, escritura, etc. El libro toca el tema del narcotráfico, trata de blancas y lavado de dinero por parte de los dos grupos armados más fuertes de ciudad Santana: Los Santaneros versus Los Evangelistas.

La novela será presentada el próximo 2 de mayo en La Feria del Libro de Bogotá, en el salón Jorge Isaacs.

La autora Diprieto, acompañada por su asesor científico, el doctor Édison Pazmiño, médico, sexólogo y terapeuta, hablarán sobre los temas de sexualidad que abarca el libro:: “En el 2016 tomé la decisión de desempolvar mi tarea y convertirla en una saga era muy poco lo que entendía de los temas de sexualidad, pero aun así, continué escribiendo, poco tiempo después encontré a un verdadero profesional en la sexología, al médico especialista en sexología, doctor Édison Pazmiño y a la vez me impulsó a estudiar sexología y terapia de pareja, primero un diplomado midiendo mi gusto y luego la maestría midiendo mi disciplina e interés realmente por los temas de sexualidad”, afirma la escritora.

Lo encuentras en el Pabellón 17, Stand 1410A

Lanzamiento: mayo 2 de 2022

Salón: Jorge Isaacs

Hora: 2.00 p.m a 2: 45 p.m

Libro de 284 Páginas

Editorial Collage Editores

Precio $58.000

Informes prensa:

Gloria Franco

310 8629847

 

Julieth Diprieto

 Nacida en Valledupar (Cesar). Es ingeniera industrial egresada de la universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga. Desde su etapa universitaria empezó la inquietud por la parte artística ya que su programa académico le exigía horas culturales y Julieth estudió teatro. Años después se fue a vivir a México, donde estudió cine, luego tres años de teatro e hizo cursos de escritura y producción.

Durante su estadía en México le dio vida a la saga ‘La gurú del sexo´, una novela policíaca con una alta dosis de erotismo. Por esta razón, Julieth hizo un diplomado en psicología clínica en el Instituto de Salamanca (España) y luego una maestría en psicología clínica y terapia de parejas, para así realizar el planteamiento y desarrollo de los casos de la novela y darle un manejo profesional. Es ahí donde la escritora encuentra otra pasión, la sexología.

IG: @diprietobravojulieth

 

Dr. Edison Pazmiño

Médico, sexólogo, terapeuta de pareja y asesor clínico en relaciones de pareja. Estudió medicina en la Universidad Central de Ecuador. Estudió Sexología Medica en el Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela, donde años más tarde fue docente.

Médico especialista, investigador, coordinador del programa de Sexología Clínica y de la Unidad de Transexualidad.

Realizó estudios sobre asesoramiento clínico en relaciones de pareja y además se certificó como sex planner por la Pontificia Universidad Javeriana de Cali.

Con el pasar del tiempo su nombre, como era de esperarse, hizo eco, sonó en los medios venezolanos y en los canales de televisión. Llegaron nuevas ofertas y con ellas, un nuevo destino: Colombia. La Universidad de Caldas lo invitó a ser parte de su equipo y por dos años fue docente de pregrado y posgrado de la sección de sexología de la facultad de Ciencias para la Salud. La experiencia resultó maravillosa.

En el 2017 atendió la llamada de la escritora Julieth Diprieto de ser participe en la asesoría sexológica para la escritura de la saga La gurú del sexo con el primer tomo Yo soy Dante Castellblanch.

 

IG: @tusexologoep

Twitter: @tusexologoep

 

Continue Reading

Literatura Erótica

Entre Piernas – Historias Eróticas

Published

on

Ilustración: David Marin

¡Compártelo en tus redes!

Por Violeta.

@historiasdecama

¡Se llama Abraham! He hablado muchas veces sobre él. Es el mismo que me ha inspirado y ha logrado que actúe como una actriz porno, metida en mi escena, con ganas de hacer mi mejor papel. A él no le importa tener sexo en una hamaca. Tiene una colección de fotos mías y sé de su propia boca, que las usa para masturbarse cada vez que recuerda los momentos en los que cabalgaba sobre él.

Abraham tiene los ojos cafés y le brillan como los rayos del sol en el atardecer. Una noche recibí un mensaje de texto donde me reclamaba que no lo describiera solamente así.

-Violeta ¡Yo tengo más cualidades! Dijo.

Y tiene razón. Es alto, tiene la piel bronceada, ama los deportes y aunque se cae más de una vez, ama la adrenalina que le despierta las olas del mar cuando hace surf. Le encanta la música y entre sus metas a destacar, siempre me decía que tenía que hablar perfectamente español, en esta última petición, también lo complací.

Muchas veces me miraba con ternura y me cogía con locura. Solía perder la cabeza cuando no le entendían y sonreía para llevar la fiesta en paz. Su sonrisa la tengo marcada en mi memoria, fue la clave de mi perdición por él, desde la segunda vez que lo vi, supe que iba a enviciarme.
Abraham representa todo lo que me hace vibrar, es una mezcla de pasión y lujuria que despierta en mi los más extremos deseos de complacerlo en todo, y aunque me cueste aceptarlo, estoy obsesionada con la conexión sexual que existe entre los dos ¡Me encanta! Él sabía lo que quería justo cuando lo necesitaba.

De sus obsesiones por mí, están las pervertidas ganas de siempre follarme al aire libre y de mi debilidad por él, estaba complacerlo cuantas veces él quiso.

Ya teníamos un día y medio en el parque natural ubicado a las afueras de la ciudad. Las olas del mar y la arena en los pies nos acompañaban en el largo camino, el calor era inclemente. En la mañana nos habíamos levantado complaciendo nuestras ganas en una hamaca, al aire libre, sin pudor y sin miedos. Respirando naturaleza y pasión.
Llevábamos más de 30 minutos caminando, el sol estaba a punto de caer y la gente comenzaba a desaparecer de la playa. Nosotros, al contrario, apenas llegábamos. Queríamos ver el atardecer, pasear sin tantos testigos, besarnos bajo el romanticismo.

-¡Estoy cansada! Le dije después de tomar un sorbo de agua.

-¡Camina! ¿Para qué tienes ese culo tan grande? Muévelo. Dijo riéndose.

-¡Para ponerme en cuatro cuando tú quieras! Le contesté.

-¡Verdad! Me tomó de la mano.
Estábamos disfrutando de nuestro tiempo en soledad, nos observábamos los gestos, las sonrisas y, de vez en cuando, nos miramos con apetito.

Él siempre me mira así, es el punto de detonación de nuestros mensajes codificados.
Es innegable la atracción entre los dos, nos invade las ansias de estar juntos a pesar de las innegables diferencias, entre esas el idioma. Su español es disperso y tengo que hacer un esfuerzo grande para intentar descifrar cada frase que me quiere decir. Él no quiere que hablemos en inglés, en eso fue algo egoísta. Prefiere practicar el español y, entonces, me sometió a entender su español de mierda ¡Que más da! El lenguaje del sexo es más poderoso que el de las palabras y yo aprendí a entenderlo sin tanto afán y debo confesar que me encanta el enredo de palabras que dice a diario.

¡Suena curioso, tierno y rudo a la vez!
Nos detuvimos, él abrió un pareo gigante que me compró en su último viaje a Brasil, lo colocó en la arena. Los rayos del sol se reflejaban en su pelo castaño claro y sus ojos tenían un brillo insinuante. Yo solía llamarlo pelo curly, sacándole chiste a su pelo crespo.
La vista era perfecta. El va y ven de las olas del mar, su color azul profundo y el verde de las palmeras dibujaban un paisaje digno de una foto para Instagram. Tomé varias para tenerlas de recuerdo. En la lejanía jugueteaban unos chicos en las piedras, se escuchaban risas y parecían estar muy entretenidos.

-¡Creo que ellos también están enamorados! Me comentó.

Me acosté sobre el pareo. Miré hacia el cielo y me perdí en las figuras de las nubes. Él me interrumpió con un beso en mi cuello. Su barbilla acarició mis hombros y sentí toda la emoción de sus deseos. Comenzó a besarme con ternura, si, rara vez lo hace así cuando sus intenciones son otras.

-¡Que lindo es el atardecer! Dijo mientras me abrazaba. Mi cuerpo sostenía al suyo, parecían estar bajo la misma piel.
De pronto tuvo un ataque de arrebato, me jaló por mi brazo y corrió hacia al mar. Caímos al mismo tiempo en el agua, me levantó con fuerza y me cargó. Quedamos frente a frente. Centrados en el mismo universo y juntos como siempre he deseado.
-¡El agua está fría! Le dije abrazándolo.
-¡No seas aburrida!¡Ven y yo te caliento! Me contestó con un lengüetazo por mis labios. Su pene ya estaba grande.
-¡Más luego! Le dije. Me bajé, salí del agua y volví a sentarme sobre el pareo.
El cielo estaba casi naranja. Él salió del mar también, se paro frente a mi y soltó una sonrisita que le iluminó su cara.
-¿Qué pasó? Le pregunté. Aunque yo ya sabía sus intenciones, lo conozco, lo llevo en la sangre.
-¡Los chicos ya se fueron! Respondió con un leve tono de malicia.
Miró hacia la izquierda y hacia la derecha, se percató de que no estuviera nadie más merodeando por la playa y sin pensarlo más se lanzó sobre mí, me besó hasta llegar a mi obligo, me bajó la tanga y metió su lengua en mi entre piernas. Comenzó a lamerme suave y luego con intensidad. Los vellos de mi piel se erizaba y quería más.
-¡Estás mojada! Me miró con esos ojos llenos de lascivia.

-¡Yo siempre estoy mojada contigo! Le dije.

Se le notaba el hambre por mí, su respiración estaba agitada y sus manos traviesas me manoseaban. Eso era lo que más me gustaba de él, sentirme deseada, sentirme única.
-¡Espera, hay gente! Le dije tratando de detenerlo. Sin embargo no me importó, me moví para pegarme más a su cuerpo, sus manos acariciaban mis tetas, mis pezones estaban fuertes esperando su lengua. Mi respiración se tornó más intranquila cuando se detuvo y me miró con esa necesidad de follarme sin descanso.
-¡Te quiero! Me susurró cerca a mi oreja. El corazón me palpitó feliz con esa confesión. Me besó los labios, siempre me besaba delicioso, mi vagina estaba húmeda solo con sus besos, su lengua se impregnaba de mi olor, me lamía con desenfreno todo mi cuerpo. La mágica impertinencia de su lengua hace que quiera siempre más.
-¿Aquí? Pregunté. Estaba algo incómoda, pero ya no nos importaba nada, solo complacernos y sin tantos miedos desatar nuestras lujurias.
-¡Y ahora! Me respondió.

-¿Qué es lo que más te gusta de mi? Le pregunté.
-¡Que yo quiero darte duro y tu siempre quieres que lo haga! Me contestó. Abrió mis piernas y metió sus dedos dentro de mi vagina, los movió con suavidad, con su lengua volvió a sacudir mi clítoris deseoso de que me metiera su pene y no parara hasta mi orgasmo.
Su cuerpo estaba pegado al mío, ya imposible de despegarse. Me sostuvo fuerte por mi culo, yo tenía mis piernas abiertas, él estaba adentro de mi. La brisa despeinaba aún más mi pelo. Un gemido fuerte desató su furia.

-¿Qué sientes? Pregunté para satisfacer mi ego.
-¡Profundo! Contestó.
Solo eran testigo la inmensidad del mar y la del cielo. Un atardecer lleno de pasión donde el sol se escondía para dejarnos en libertad.
Éramos él y yo. Solamente él y yo, una vez más desatándonos y saciando nuestro apetito.
-¡Grítalo! Me dijo mientras hacía movimientos circulares con más fuerza. Su sudor y el mío recorriendo nuestros cuerpos bañados de éxtasis.
-¡Dame más duro! Lo complací.
-¿Así? Me preguntó. Su expresión era como la de un lobo feroz que solo quería devorar a su presa. Sus ojos lo han dicho todo siempre y ese brillo me calienta más. Me inmovilizó las manos y desencadenó toda su furia sobre mi, me dio con ganas y sin parar.
Sentí como poco a poco se debilitaba, su cuerpo temblaba, conocía cuando se iba a venir, casi siempre sincronizamos nuestros orgasmos.
Me moví hacía adelante, pegando más mi clítoris con sus partes, buscando más mi placer. Dos gemidos prolongados y simultáneos cerraron nuestra gloria, justo con la caída del sol.
-¡Perfecto! Dijimos al mismo tiempo. Tomó con sus manos mi cara, me besó con satisfacción. Bajó la cabeza y descansó sobre mis tetas.

¡Eres la mejor! Dijo suspirando entre dientes.
No le contesté. Él ya sabía que mis entre piernas ya no tenían otro favorito. Estoy presa de mis pasiones por él. Fuerte cuando lo miro a los ojos y sé lo que me dice. Es mi inspiración para contar letras profundas, un sin fin de malos pensamientos y proposiciones genuinas. Sabe como navegar en mi.

Rompí el silencio antes de que llegara la noche.

-Abraham, sabes como hacerte inolvidable, sabes como hacerte desear.

-¿Hablas de ti, Violeta?

-No, hablo de ti amor. Suspiré.

Continue Reading

Literatura Erótica

LA DIABLA, NUEVO PODCAST TRHILLER ERÓTICO PARA ROMPER TABÚES

Published

on

¡Compártelo en tus redes!

El próximo 16 de noviembre es el lanzamiento de LA DIABLA, la primera serie de ficción producida de forma independiente en Colombia para la audiencia masiva del podcast en español; un thriller erótico de 6 capítulos, con una historia divertida y picante que desafiará a los oyentes con una nueva forma de disfrutar la sexualidad.  Valerie Domínguez, Flavia Dos Santos, Juan Fernando Sánchez, Francisca Estévez, Andrés Suarez, José Daniel Cristancho, Víctor Tarazona, Ricardo Mejía, Silvia Varón, Andrea Esquivel y Raúl Ocampo conforman este elenco ganador que te invita a romper tabúes.

“Tener una mirada femenina a través de la perspectiva de estimular los sentidos, de provocar la imaginación, la fantasía, ese es el objetivo de “La Diabla”, es poder viajar y dejarse llevar por las sensaciones, volver a la creatividad. La Diabla propone una nueva forma de disfrutar la sexualidad”, señala Flavia Dos Santos.

Este podcast es escrito, dirigido, producido y protagonizado por mujeres, con un mensaje para quienes buscan una nueva forma de conocerse, amarse, aceptarse y realmente empoderarse.

LA DIABLA es una apuesta por las buenas historias de Akörde Media, firma que en 7 años de trayectoria, tiene  más de 100 podcast producidos con más de 4 millones de descargas.

Un producto 100% independiente que romperá tus límites y te llevará a encontrar tu poder a través del autoconocimiento, como la protagonista, Luciana, quien descubrirá, entre el sufrimiento y el éxtasis, que esos mundos perfectos no existen y pueden cambiar en un segundo.

Acerca de la empresa Akörde

https://akorde.co/portafolio/

Continue Reading

RECMI

MEDIA PARTNER

Lo + Visto