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Literatura Erótica

El caballero desapareció con la primera follada – Historias Eróticas

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Ilustración: Juan Sin Miedo

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Una historia en los tiempos de Tinder

Por Violeta.

@historiasdecama

Mateo. 39 años. 6 millas de distancia.
Observé sus fotos, se veía interesante.
Le di un like e hicimos match.

Estábamos en el balcón de un bar, nos deleitábamos con los sonidos y los contrastes de la calle. La luna llena estaba bella e iluminada. En nuestra mesa habían dos mojitos de Maracuyá, cada quien tomó el suyo en sus manos.
-¡Salud! ¡Mirando a los ojos! Le dije con picardía.
-¡Lo sé! Contestó.
-¿Conoces la tradición? Le pregunté para indagarle las ganas.
-¡Si! De igual forma debo corregirte. Me miró a los ojos, sé que decían pero quise esperar más.
-¿Qué? Le pregunté.
-¡El trago se toma con la mano donde está el corazón!
Observé mi mano y volteé mi mirada hacía él.
-¡Yo no tengo corazón! Le sonreí.
-¡Yo tampoco! Me contestó con una sonrisa delatadora.
-Entonces ¡Salud! Volvimos a chocar los mojitos.
-¿Qué tenés en la cartera? Las mujeres siempre tienen carteras muy grandes, pero en la que traes no creo que haya mucho.
No intentó abrirla.
-¡Un labial! Le contesté ¡Por si se me corre! Acentué. Me miró como si hubiese entendido mi sarcasmo.

Para mí fue muy difícil estar sentada frente a él y aceptar una cita a ciegas. Le esquivé la invitación varias veces porque me daba miedo que no fuera a funcionar y terminara en un fiasco más, porque para ser sincera,soy pésima eligiendo polvos por foto, me encantan que estén deliciosos y por foto es difícil saberlo, algunos pasan la prueba y el 90% les doy un good bye.
Debo confesarles que abrí TINDER y soy una experta haciendo clic en la X roja que aparece en la aplicación y no puedo evitar ignorar cada super like (Advertencia de que me súper gustas) que he recibido. Si, ya sé que una mujer como yo no debería estar buscando lo que no se le ha perdido en una aplicación donde casi todos los hombres están ansiosos por desbordar sus deseos de follar sin compromiso y sin la mínima intención de brindar una copita de vino blanco.
Aclaro, eso no me ha pasado a mí porque casi siempre evito pasar un mal rato.
Estaba en la cama, de verdad sin mucho que hacer. He bajado y eliminado mi perfil en esta aplicación muchas veces, es que me aburro de hablar, de las fotos feas de chicos con sus novias o hijos ¿A caso no saben que esta es una forma de ligar? Casi nunca ponen su mejor foto, en cambio, yo sí. Escojo la más linda, interesante y donde se note que tengo clase, aunque después saque las garras. Bajé Tinder porque estaba de viaje en una ciudad diferente y lo confieso, quería saber cómo era la oferta del mercado local.
Quiero decirles la verdad, no esperaba más que encontrar una manada de lobos hambrientos, porque para quienes pretenden encontrar una historia rosa aquí, me permito contradecirlos y enfrentarlos a la cruel realidad.
¡Eso no va a pasar! En esta aplicación hay pocos caballeros y muchos hombres ofreciendo penes sin garantías de calidad.
He recibido mensajes en la madrugada y otros tan explícitos como:
-¡Estoy en mi apartamento! ¿Vienes y follamos rico?
Sin embargo de todos los mensajes fuera de lugar que he recibido, hubo uno en particular que me dejó sin palabras. Abro comillas para citar textualmente al loco “Si quieres algo serio conmigo, estás en el lugar equivocado” No tuve que pensarlo dos veces para mandarlo al sitio de donde salió. Evidentemente lo eliminé sin decirle nada sobre su comentario, soy de las que piensa que si te quieres follar a una mujer, por lo menos, debes ser más creativo y trabajar por eso.
Apenas me había escrito hola y en su segunda frase me envía este mensaje, como si yo estuviera detrás de él, como si no me acordara que las únicas veces que he estado detrás de un tipo, es cuando estoy encima de él, besándole la espalda, las nalgas y las ganas de mi.
Y entonces me pregunté.
¿Qué rayos hago aquí? Nunca concreto una cita, evado las salidas y me da pereza que me salga un hombre totalmente diferente al de la foto, más gordo o menos alto.
Por los anteriores motivos, decidí colocar en mi perfil:
“Yo solo salgo con caballeros” y la palabra caballeros se refería a que por lo menos no me escribieran a las dos de la mañana o me invitaran a sus casas a ver una película en Netflix, sin una cena previa y con la única intención de follarme y nada más.
En fin, cesé la búsqueda. Estaba resignada hasta que un domingo recibí un texto de los pocos match que había conseguido en los pocos días que llevaba activa.
-¡Hola! Soy un caballero uruguayo, estoy desde esta noche en esta ciudad, me gustaría que me hicieras algunas recomendaciones de dónde podría ir.
Observé sus fotos antes de contestar, se veía guapo e interesante pero aún no le encontraba el “plus”.
Le escribí algunas recomendaciones de bares, restaurantes y sitios para conocer.
-¿No salís hoy? Me preguntó.
-¡No! Contesté. Acabo de llegar de la playa, fue un día largo y estoy un poquito cansada.
Él no insistió. Sólo me dijo que otro día estaría encantado de ve
rme y tomar un café para que no sintiera que estaba en una cita.
En ese momento me agrado que no insistiera, eso me transmitía que no estaba tan ganoso y que nuestro encuentro no se resumiría a una historia de cama desde el inicio, sin embargo yo quería explorar más y me dio curiosidad su pasividad.
-La verdad yo no uso esta aplicación, me excusé. La bajé porque estaba de viaje y para ser muy sincera, hay muy poco de buen material por aquí. Escribí sin verguenza.
-¡Me alegra que no lo hayas desinstalado! Eso quiere decir que soy un privilegiado. Agregó.
– Aún no estoy segura ¡Compláceme! Envíame una selfie. Ataqué.
La foto llegó.
-¡Estoy en la cama del hotel! ¡Casi salimos! Me escribió.
Se veía mejor que en las fotos que tenía como referencia en Tinder.
-¿Qué tal? Me preguntó.
-¡Eres buen material! Le contesté. Hubiese dado cualquier cosa por verle la cara en ese momento. Sé que le subí el ego, seguramente lo tenía tan alto como los hombres de sur de Sur América.
-¿Al final no tenés ganas de salir hoy? Me preguntó.
A los hombres casi nunca les gusta que les digan que no o que les posponga sus planes. Sé que tenía curiosidad de verme y saber más allá de las fotos que mostraba.
-¿Salís hoy? Insistió.
No quería sonar más descortés, de igual forma habíamos texteado por varios minutos y por primera vez en mi historia quería decirle que si a una cita a ciegas.
-Hoy no puedo, pero mañana podríamos cenar. Le escribí.
-¿Te gusta la comida de mar? Le pregunté.
-¡Me encanta! ¿Qué tenés planeado? Preguntó.
– ¡Cenar rico!
No tenía la mínima intención de coquetear con él. Me parecía agradable la idea de salir con alguien y hablar un poco. Hace mucho tiempo no tenía una cita y ya estaba preparada para hablar de temas interesantes.
-¿A qué horas y dónde nos vemos?
-¡8:30 PM! En la Plaza San Ángel, al frente de la Iglesia, es súper fácil llegar a esta plaza. Si no llego a las 8:30 en punto, me esperas 15 minutos más. Le dije.
-¡Te esperaré en el altar hasta que llegués! Me envió un mensaje de voz con su acento particular.
No texteamos más hasta que lo encontré sentado en las escaleras en frente de la Iglesia San Ángel, tal cual como habíamos acordado, 15 minutos después de las 8:30.
Lo ví y sonreí, me puse nerviosa, aunque lo disimulé muy bien. Él se puso de pie, estiró su mano y me saludó con un beso en la mejilla.
-¡Es un gusto conocerte! Violeta.
Definitivamente se veía muchísimo mejor en persona. Lo miré sin que se diera cuenta que lo estaba detallado de pies a cabeza y que en menos de un minuto supe que le escribiría una historia ¿Por qué? Porque hace mucho tiempo no miraba unos ojos que me hicieran volver a tener malos pensamientos y desear sentir su lengua besando mis profundidades. Sus ojos eran café oliva ¡Eran bellos! Que mala manía la mía de estarme enamorando de los ojos. Él tenía una mirada que me confundía, no demostró hambre, pero olfateó y eso delató su lobo oculto. Yo soy buena observadora y percibo las ganas.
Ya sé que ando prometiéndoles a casi todos que les escribiré una historia, pero quiero confesarles que no todos me inspiran y no a todos quiero inmortalizarlos en mis letras, a Mateo sí.
Después de saludarnos caminamos, quería mostrarle la ciudad. Le tomé algunas fotos y le enseñé algunos monumentos.
¡Wow! Susurré para mí.
Estaba guapo, alto, con un cuerpo atlético y un culo divino, si tenía un culo divino. Esa noche vestía una camiseta básica negra, unas pantalonetas beige y uno zapatos cafés.
Sin mentir, era como un modelo que se había escapado de una revista y estaba caminado a mi lado.
Hace mucho tiempo no me gustaba alguien a primera vista. Es que yo soy caprichosa y me gusta elegir quien me gusta. Mateo me gustó y me sentía feliz de no haber rechazado su invitación y de estar caminando las calles con semejante obra de arte uruguaya.
¿Quieres comer? Le pregunté.
-¡OK! Vamos donde tú me digas ¡No conozco! Ahora eres mi guía. Le sonreí. Quisiera ser todo y más, me reí de mis pensamientos pecaminosos.
No era para menos, repito era una obra de arte uruguaya. Era como una mezcla de perfección y salvajismo. No me pregunten como sabía que lo era, tengo esa virtud, interpreto movimientos y miradas y sé que desde que me vio tenía en su mente la forma como me iba a bajar los pantalones que llevaba puestos.
Mi piel se erizó desde el primer momento que vi en su mirada las ganas de robarme gemidos.
Me miró fijamente ¿Te puedo dar un beso? Y se abalanzó pero lo esquivé y terminé interponiendo mi mejilla entre su boca y la mía. Él la besó varias veces intentando encontrar mis ganas más cerca. Suspiré, si quería que me besara
-¿Por qué me quieres besar? Le pregunté.
-¡Sos linda y me encantaste!
-¡Convénceme! Le dije con un aire de picardía.
Se acercó lentamente y me dijo susurrándome al oído.
-¡Sos linda y me encantas! Sentí como la sangre me recorría con más fuerza. Lo miré a los ojos y encontré ese brillo que me deleita, me encanta leer las miradas y en él veía deseos de follarme sin parar, hacerme venir hasta el infinito.
-¡Tenés una boca carnosa! Quiero besarla.
Me agarró por el cuello y me respiró en la nuca. Me dio un beso corto, yo le correspondí rozando mi lengua por sus labios ¡Tenía el cuerpo invadido de deseos por él!
-¡Estoy pasando una noche divina contigo! Pero mañana debo despertarme muy temprano, mis amigos y yo vamos a bucear ¡Te conté antes!
– ¡Si! ¡Entiendo! ¿Te gusta mucho bucear? Le pregunté mientras esperábamos la cuenta.
– Es una experiencia extraordinaria, además que para estar debajo del agua hay que estar muy equilibrado.
-¡Nunca he buceado y no creo que lo haga! alguna vez intenté surfear y terminé arrastrada por las olas y sin mi bikini de la parte de arriba.
-¡Me hubiese gustado ver eso! Me dijo y me tomó la mano.
-¿Mi revolcón? Le pregunté.
-¡No! ¡Tus tetas al aire!
-¡Son pequeñas!
-¡Son armoniosas!
Me reíe.
-¿De qué te ries?
-¡De que te caben perfectamente en la boca! Ataqué.
Abandonamos la mesa donde estábamos sentados, él me tomó de la mano para ayudarme a bajar las escaleras.
Llegamos a la salida, había un espejo gigante, pensé en verme para saber si aún tenía maquillaje, pero él me sorprendió.
Desató con furia sus ganas, sentí sus manos alrededor de mi cintura, me agarró el culo y me tiró contra la pared. Nos comenzamos a besar y no voy a negarlo, quería también sentir su lengua entre mis piernas, indagando mis perversiones.
-¿Cómo estás? Me preguntó susurrándome en la nuca.
-¡Mojada! Le contesté devolviéndole un beso.
De pronto sentí como su pene se engrandecía, con ganas de salirse y explotarse. Respiró, creo que se avergonzó, pero a mí me excitaba saber que con solo unos besos yo había logrado corromperle la mente. Él ya me estaba imaginando encima, tocando mi cuerpo desnudo y besándome los pezones, para finalmente saciarse dentro de mi vagina profunda.
-¡Que culo tan perfecto tenés! Me dijo.
-¿Qué quieres? Le pregunté.
-¡Quiero follarte! Me contestó.
Me mojé más, mis tangas estaban empapadas. Estaba mojada desde la primera vez que lo vi a los ojos, es increíble como pueden seducirme unos ojos lindos, me expresan las ganas ocultas. Quería que metiera sus dedos entre mis pantalones, los moviera a su antojo y sintiera mis deseos. Me lo imaginaba gozando de mis profundidades y complaciendo las humedades de las cuales era culpable, porque aunque estaba conteniéndome, yo quería que me follara en todas las posiciones.
-¡Tápame! Me reí de él. Era muy notorio su pene elevado. Lo abracé para intentar apaciguarlo, pero las intenciones seguían latentes.
-¿Querés secuestrarme? Me dijo al oído en un tono seductor.
-¡Yo quiero todo contigo! Pero es tarde, mañana buceas y estarás cansado. Creo que debo irme a casa y tú a tu hotel.
Me miró sin ganas de rogarme, sé que tampoco lo haría, era lo suficientemente adulto para entender que yo no iba a botarle mis cartas el primer día, es que es una regla casi inquebrantable.
¡No se lo doy a un tipo en la primera cita!
Caminamos por varios minutos tomados de la mano. Me besaba de vez en cuando y cuando se lo permitía hasta que llegamos a la estación de taxi.
-¿Estás segura?
-¡Nos vemos mañana! Le dije y le di un beso.
¿Qué si me quedé con las ganas? Tenía el clítoris palpitando como un loco, con ganas de abrirme de piernas y descargar todas las ganas que sentía cuando me besaba. Repito, yo quería que me follara en todas las posiciones.
Llegué a mi casa, me quité la ropa y mis tangas seguían empapadas. Acaricié mis tetas mientras leía su mensaje de buenas noches.
-¡Acabo de llegar al hotel, la pasé muy bien! Te mando un beso.
No le contesté.

Foto vía: https://lamenteesmaravillosa.com/cerebro-del-hombre-durante-el-sexo/

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Un 10 a mi nuevo encoñamiento

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Por Violeta.

@historiasdecama

 

Entramos a la habitación de un hotel viejo de la ciudad donde él se estaba hospedando desde hace algunas semanas. Me contó que había llegado a Colombia con ansias de explorar, de ganar experiencias y de entrar en la cultura de la ciudad. A pesar de ser nada lujoso, al menos estaba limpio y tenía baño privado.

Era un hostal en la ciudad vieja, bien localizado, cerca de restaurantes y playas.. El abanico de techo era un poco ruidoso y viejo, el aire acondicionado funcionaba cuando se le daba la gana. La habitación era estrecha,  había una cama doble de madera y una mesa donde tenía su computador.

Las paredes fueron testigo de nuestros primeros encuentros sexuales. Sexo muy bueno y excitante, pero no tan esplendoroso como lo es ahora.

¡Supe que iba  a peder la cordura por él, cuando lo ví por segunda vez!

Días de playa y noches de cenas en restaurantes deliciosos. Un par de besos apasionados y una agarradita de manos mientras caminábamos por la ciudad. Algunas noches mirando perdidos el techo, suspirando cada orgasmo. Descansando nuestras ganas.

Me encanta la mezcla de raza que tiene, su belleza es extraña pero me fascina. Es alto, de piel bronceada y cuerpo atlético. No me voy a equivocar en afirmar que ha sido lo mejor que ha dormido en mi cama y estoy obsesionada con la agresividad con la que me miran sus ojos cafés cuando está a punto de venirse.

Esa noche habíamos cenado en  un exquisito restaurante de comida de mar. Nos habíamos tomado dos copas de vino cada uno. Al entrar a la habitación me desvestí mientras él se acostaba en la cama, me abrazó con efusión, cada vez que lo tengo cerca, siento que su olor humedece mi entrepiernas y  mis labios están ansiosos por más besos calientes.

Es fácil que él descubra las ganas que le tengo porque con solo meter sus dedos dentro de mis tangas y acariciar mi clítoris, puede manosear mi vagina empapada.

-¡Tengo sueño! Me dijo después de darme un beso en mi mejilla.

Entré al baño a cepillarme los dientes y decidí tomar una ducha antes de dormir.

-¿Qué haces? Escuché que me decía desde la habitación.

-¡Me baño! Le contesté mientras me enjabonaba.

Sentí el ruido de la puerta cuando la abrió y me invadió en la ducha. Sentí sus manos sobre mi espalda, me giró, me acarició  y  me besó el cuello y justo debajo de mis orejas. Yo le respondí jalándolo por el cuello y  besándolo en la boca.  Me alzó por mis nalgas, alcancé a sujetarme con fuerza en el marco de la puerta. Mi cuerpo estaba en el aire pegado al suyo, comenzó a cogerme y mientras lo hacía, el agua de la ducha caía sobre nosotros sin apagarnos la calentura.

-¡I have a man! (tengo un hombre) Le dije.  Él me contestó con una desenfrenada pasión que me dejó sin aliento a replicas.

Me sacó del baño cargándome entre sus brazos, me tiró en la cama y me lamió todo mi cuerpo desnudo. Sus manos me encendían con la intención de hacerme venir.

Ya conozco sus gestos y sé cuando está a punto de llegar y es justo ahí donde   siempre  le digo.

-¡Dame más duro! Él me obedeció y con toda la fuerza de su cuerpo me dio más duro.

Me miró perdiéndose en mis ojos, un soplo de satisfacción iluminó su cara. Yo entendí cada expresión con la que desataba su complacencia.

Mis piernas comenzaron a temblar, las alcé para hacerle más estrecho el paso, con un grito que guió el final. Lo abracé con fuerza contra mi cuerpo flotando en el aire. Le mordí las orejas y los labios. Presioné su mano contra la cama. Ambos caímos derrotados ante nuestra pasión. Nuestros cuerpos desnudos amándose sin límites, eran él y el color de sus ojos que me tenían muerta de pasión.

-¡Lo amo! Me Dijo.

-¿A quién?

¡A él! Con su mano derecha agarró con fuerza mi culo. Una explosión de sensaciones aferradas.

Nos quedamos dormidos ahí, uno junto al otro. Respirando el mismo aire y cubriéndonos bajo las mismas sábanas, testigos de esa noche.

El sol entró fuerte por la ventana. Sus ojos aún cerrados y con pocas expresiones de pereza en su rostro. Dormía y se veía tan perfecto, así como las líneas de sus labios y la caída de su nariz.

Le di un beso en espalda y  sonrió, me abrazó con sentimiento y suspiró en mis oídos. Sus manos acariciaron mi pelo. Quise decirle cuanto lo amaba, pero  lo dejé a su imaginación.

– ¡Me gustan más las mañanas contigo porque cuando te abrazo me siento un nuevo hombre! Susurró abrazándome con más fuerza.

Quisiera que nunca me soltara, simplemente cuando miro sus ojos cafés, eso lo más cercano a la felicidad.

No hay dudas, supe que iba a perder la cordura por él,  cuando lo ví por la segunda vez que lo vi.

Continuará.

 

 

 

 

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69 sensaciones

Mi vagina estaba mojada, la sentía empapada, la rocé con mis dedos para calmar las pulsaciones.

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Photo: Pinterest

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Por Violeta.

@historiasdecama

Hablando de masturbaciones y voyerismo

Me levanté con calor, sedienta y mojada. Mi ansiedad no se calmaba ni con un baño de agua fría y menos si intentaba masturbarme y quitarme las ganas solita. Aunque a veces me funciona, esta vez era tan fuerte y profunda que nada podia ayudarme a recobrar la cordura. La lejanía y la falta de sexo han hecho que mi vagina se impaciente por la necesidad de que la penetren. Siempre deseosa de su cuerpo y ese era el gran problema. Lo estaba extrañando a él y a su perfecta forma de complacerme. El café de la mañana, los huevos esponjados y las tostadascon el toque más perfecto ¡Su sonrisa!
Y pienso ¿Qué hago aquí sin él? Los recuerdos me azotan la imaginación. Las tantas veces que me arrebataba un beso, me alzaba por mi culo y me cogía con toda esa fuerza salvaje que lo caracteriza. No hay mejor polvo que él y nadie ha dado en el punto de hacerme gemir con tanta vehemencia como lo hace él, de día y de noche.
Teníamos sexo perfecto, enloquecido y enfermo. Nuestra conexión y nuestros cuerpos encajaban sin defectos, él sabía cuando yo quería suave y cuando duro. Nos reconocíamos, ese era nuestro gran secreto, conocernos en cada gesto y cada pedazo de piel.

Estaba en mi cama, llena de sábanas y solitaria, me azotaba la peor de las incertidumbres, la necesidad. Ya son 69 días sin él y sin su mejor parte, mi favorita.

Me llamó por video, le contesté enseguida, la emoción que me invadía. Lo vi con esa mirada lasciva que se desbordaba y quería traspasar la cámara. Coincidimos en nuestros deseos, parece que hubiese olido mis ganas. Sus ojos cafés brillaban igual que cuando llegaba al orgasmo encima de mí. Él casi siempre estaba encima de mi cuando se venía, no por cuestión de falta de creatividad en las posiciones, al contrario, era porque en esa yo podía mirarlo fijamente a los ojos y saber que pasaría luego de que le dijera que me diera más duro. Cuando me daba más duro, siempre terminaba la faena, era el punto de éxtasis y si yo no alcanzaba a llegar al mismo tiempo, él provocaba mi orgasmo justo en los segundos posteriores. Su pene nunca bajaba de tamaño enseguida, siempre con una firmeza infinita y deliciosa seguía moviendo al compas de mi vagina para hacerme gemir más duro. Creo que llegaba más a su punto limite cuando me veía a mi, perdida en mi placer.
-¡Déjame verte! ¡Muévete! ¡Quiero verlo bien! Me dijo.
Le sonreí. Y me puse a medio lado.
Se refería a mi culo, delira con él, me lo ha repetido una y otra vez. Dice que nadie lo calienta como lo hago yo, que solo con recordarme se excita, que soy la dueña de sus erecciones. Esa confesión me sube el ego, me moja las entrañas y me acosa los buenos pensamientos. ¡Me encanta saberlo!
-¡Es perfecto! Dijo. Tenía su pene entre sus manos. Lo manoseaba y me lanzaba miradas pervertidas.
Podía verlo por debajo de su pantalón, crecía como un sayayín revolucionario. Siempre me llama cuando tiene ganas de mí, con su pene tamaño extra grande me hace delirar, quisiera que me follara siempre, sin limites de hora.
-¡Nadie lo hace crecer como tú! Me dijo. Sentía pulsaciones en mi vagina, me encanta saber que nadie provoca sus ganas mejor que yo.

-¡Soy una actriz porno! ¡Deberías pagarme por esto! Le sonreí.
-¡Exclusiva para mi! Contestó.

Me quité la ropa, quedé en tangas y con las tetas al aire. Comencé a coquetearle tirándole besos y tocándome las tetas.
¿Te gusta? Lo miraba fijamente.
Él estaba incómodo, lo sé.
-¡Si sigues así me tocará ir corriendo para el baño!
-¡No! ¡Quiero verte mientras lo haces! Le supliqué.
Abrió la corredera de su pantalón y me mostró al culpable de mis perturbaciones, dueño de todas mis sensaciones y posiciones. Su pene era justo lo que yo quería ver. Deseaba que me cogiera por mi pelo largo y me sometiera a sus perversiones. Besarlo hasta que se viniera en mi boca, o mejor hasta enloquecerlo y me penetrara sin tenerme compasión. Pero la distancia era nuestro enemigo y esa calentura no podía satisfacerla con toda esa adrenalina con la que me la estaba imaginando.
Estaba completamente desnuda, con mis pezones impacientes, con ganas de sentir su lengua mojándolos. Hacia lo que él me decía. Le abrí mis piernas frente a la cámara. Le dejé ver mis secreciones, me volteé y me puse en cuatro.
Con su expresión lo dijo todo,
-¡Justo ahí te quiero dar! Tenía las manos desgastadas, movía su pene a su gusto.

Me mantuve en esa posición por unos segundos. Mi vagina estaba mojada, la sentía empapada, la rocé con mis dedos para calmar las pulsaciones. Sentí su respiración entre cortada hasta que escuché un suspiro.

-¡No te imaginas cuanto te extraño! Expresó.
Nos miramos fijamente, él sonrió y recordé esa mirada perdida, el mismo reflejo lo tiene cuando se viene encima de mi, con todas sus perversiones a flote. Fueron 69 sensaciones juntas.
-Violeta, no es bueno que me masturbe frente a ti.
Lo miré sin remordimientos,
-¡Ya cállate, a mí me encanta! Le dije.

 

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Segunda parte “La segunda cita” El caballero desapareció en la primera follada

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Ilustración: David Marin

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Por Violeta.

@historiasdecama

Ilustración: Oscar Delmar.

Mateo demostró el hambre. En sus nuevos mensajes sonaba interesado y con ganas de arrancarme hasta el último suspiro.

Quedamos en encontrarnos en otro bar de la ciudad. Yo estaba con algunos amigos y él llegó con un amigo con el que había venido de viaje.

-¿De dónde lo sacaste? Preguntó Mariana con curiosidad.

Sonreí nerviosa.

-¡Tinder!
-¡Whaaat! Dijiste que nunca abrirías eso.

-¡Siempre hay una primera vez! Le contesté.

-De todas maneras, debo aceptar que está guapo.

Mateo se acercaba a la mesa.

-¡Y sexy! Sonrió y tomó un sorbo de su cóctel.

-¡Actúa normal! Pareces una tonta ¡Sécate la baba! Me dijo regañándome.

-¡Ya cállate! Le respondí.

-¿Te depilaste? Soltó una carcajada.

-¡Ya cállate! ¡Y obvio que sí!  Le contesté.

Suspiré. Él se sentó a mi lado y me saludó con un beso en la mejilla.

No duramos más de una hora ahí sentados. Mariana tenía otro compromiso y yo había quedado con él en mostrarle otros lugares de la ciudad.

Nos despedimos de los demás chicos y caminamos 10 minutos hasta llegar a otra plaza.

-¡Muy colorida! Dijo su amigo.

-¡Si!  Y es súper transcurrida. Le contesté.

-Es una de las plazas más visitadas, es una mezcla cultural, aquí hay de todo. Le comenté.

El amigo de Mateo estaba encantado con la ciudad, pero le disgustaba ser mal tercio, a mí la verdad no me incomodaba, pero al parecer a él sí.

-¡Chicos! Quiero volver al hotel y nos encontramos más luego.  Dijo y se despidió.

Yo entendí el mensaje y finalmente tenía razón, su amigo me quería follar y si él estaba mucho tiempo con nosotros se iba a convertir en un problema de logística.

Entramos al bar y nos sentamos en una mesa.

-¿Qué querés tomar? Me preguntó Mateo.

-¡Una copa de vino blanco! Le dije.

El mesero tomó el pedido. La copa de vino y una cerveza.

-¡Ven y siéntate a mi lado! Le insinué. Estás muy lejos de mí, le dije con un tono de picardía. Él no lo dudó, se paró de la silla, se sentó a mi lado y me dio un beso.

-¡Estaba muy mojada ayer! Le susurré al oído.

– ¿Muy? Me preguntó lamiéndome los labios y metiendo sus manos entre mis piernas.

-¿Y ahora? Me preguntó mirándome fijamente.

-¡También lo estoy! Le contesté.

-¿Qué tanto?

-¡Lo suficiente! Pero solo lo sabrás cuando metas tus dedos entre mis piernas y salgan empapados de las ganas que tengo que me folles. Le dije para dañarle la cabeza con malos pensamientos.

Me miró con desespero, sé lo que quería y yo también quería lo mismo, pero estaba jugando con su imaginación, aunque no era difícil. Mateo era un hombre inteligente y sabia mis intenciones y simplemente me siguió el juego.

-¡Vamos a un hotel!

Lo olfateé por unos segundos.

-¿Para qué? Le pregunté.

-¡Para complacerte las ganas! Me dijo mirándome fijamente a los ojos.

Tomé mi segunda copa de vino blanco.

-¿Estás borrachita?

-¡No! Algo mareada. Guardé silencio.

-¡Y mojada! Le repetí.

Metió sus manos entre mis piernas. Sentía como me palpitaba el clítoris, sediento por hacer realidad mis pensamientos llenos de malos hábitos, aquellos que me hacían desearlo y me hacían delirar por la desesperación de que me quitaras las ganas sin parar.

No podía hacer mucho con sus manos porque yo tenía pantalones.

-¿Qué decís? ¿Vamos? Me insistió.

No tuve que pensarlo dos veces, era lo que quería desde el primer momento que lo vi y supe que viviría una historia de cama con él. Le percibí el aliento lleno de lascivia.

-¡Vamos!

Pagó la cuenta en el bar y salimos tomados de la mano.

-¿Dónde vamos? Me preguntó.

-¡Mateo! No tengo ni la menor idea, para un taxi y dile que nos lleve a un motel. Le dije.

No había terminado la frase cuando él ya había detenido el taxi. Nos subimos, fueron 4 segundos largos de silencio.

-¿Hacia dónde nos dirigimos? Preguntó el taxista.

-¡Nos llevás a al motel más cercano! Dijo Mateo.

-¡El más cercano queda a 20 minutos de la ciudad turística! Comentó el taxista.

-¡Ahí mismo! Corté la conversación.

El taxista arrancó.

Llegamos al hotel después de pasar unas calles largas y solitarias, traté de darle seguridad a Mateo sobre el lugar donde nos dirigíamos, veía en su cara algo de intranquilidad, pero todo pasó cuando nos bajamos del taxi y entramos a la habitación.

Subimos unas escaleras. La cama era amplia y, como todos los moteles, tenía un espejo en el techo.

-¡Se ve bien! ¡Es mi primera experiencia en un motel fuera de mi país! Me dijo.

Detalló la habitación. Estaba limpia, tenía una silla para posiciones y un cuadro erótico. Saqué mi celular para tomarle una foto. Él se sentó en la cama.

-¿Qué hacés? Me preguntó inquieto.

-¡Es una foto para mi blog!

-¿Escribís?

-¡Si! Sonreí.

-¿De qué te ríes?

Se detuvo justo enfrente de mí, me tomó de las manos y me miró. Sentí como mi piel se erizaba, mi corazón comenzó a palpitar con más frecuencia y mis labios estaban ansiosos por otro beso suyo.

-¿Sobre qué escribes? Me volvió a preguntar.

Me tomó por mi cuello y comenzó a darme besos. Le susurré al oído

-¡Historias de cama! Y le pasé mi lengua levemente por su oreja. Sentí como se excitaba y como su pene crecía con la intención de penetrarme sin preámbulos.

-¡Sos divina! ¿Te lo han dicho? Me preguntó saboreándose los labios.

-¡Nunca un uruguayo! Le dije imitando su acento.

Estábamos acostados en la cama. Él estaba encima de mí, me miraba con curiosidad. Sus besos eran pasivos, pero me mojaban las profundidades. Metió sus manos para acariciar mis tetas, mis pezones estaban llenos de ganas por su lengua. Quería que me diera duro desde que lo vi en frente de mi la noche anterior. Fue como un click a primera vista.

No sé cuántas chicas se ha follado de la misma manera, pero sé que tardará mucho tiempo para olvidarse de mi culo.

-¡Que delicia! ¡No tenés sostén! Me dijo.

-¡Ayer tampoco! Le confesé con respiración entrecortada.

Sentí su mirada invasiva y llena de lujuria.

Me besó los pezones con delicadeza, los estimuló a su ritmo y estaba funcionando maravillosamente porque mi clítoris parecía que se fuera a reventar. Estaba excitada y quería que me arrebatara esa necesidad de sentirme deseada.

¿Qué quieres? Le pregunté.

-¡Follarte desde que vi tu foto en tinder!

Sonreí complacida.

Me jaló los pantalones y quedé semidesnuda con solo el body puesto, aunque le costó solo unos segundos dejarme totalmente desnuda. Me miré en el espejo y me gustó como me veía, hambrienta de él.

-Mirá que sexy te ves desde acá arriba. Dijo señalando el espejo.

Metió sus dedos en mi vagina con fuerza para darme placer. Le respondí con un gemido.

-¿Te gusta?

Lo miré sin punto fijo.

-¿Tu qué crees? Dije con ganas de que siguiera moviéndolos con más intensidad.

Sentí como su sudor se desvanecía en mi piel.

-¡Estás deliciosamente mojada! Me dijo mientras me besaba y acariciaba mi cuerpo desnudo y ansioso de su saliva.

Y era verdad, estaba ansiosa, quería que me penetrara y me diera duro.

Estaba enceguecida y quería mi placer. No lo había visto desnudo hasta que decidí ponerme arriba y tomar el control de mis movimientos.

-¡Wow! Expresé.

Le acaricié el pecho, me deleité observándolo por segundos. Le di un beso con ganas, regalándole mi lujuria de verlo en frente de mí.

-¡Eres lo más sexy que ha estado en mi cama! ¡Que cuerpazo el que tienes! ¡Y que verga tan divina! Le dije con sinceridad.

No estaba exagerando cuando afirmé que era una obra de arte. Cualquiera se ve bien con ropa, pero él se veía mejor sin ella

¡Me encantó, me encantó, me encantó!

Tenía un cuerpo atlético y un pene rosado sin imperfecciones. No les voy a exagerar diciéndoles que era tamaño XXL pero  si les puedo asegurar que era lo suficientemente idóneo para hacerme gemir y para satisfacer mis profundidades ansiosas por  el grosor de sus deseos.

-¡Me halagás! Me dijo presionando sus dedos en mi piel.

Me volteó bruscamente para ponerme en cuatro.

-¡Me encantaa tu culo latino! ¡Es un espectáculo en cuatro! Me dijo mientras me penetraba.

Se movía con técnica y experiencia, lo sé porque sentía como sus genitales rozaban mi clítoris y mi ano, para ser más explícita, sentía como sus bolas rozaban mi ano y me gustaba esa sensación, tanto que quería que me siguiera dando duro, pero también estaba esperando que metiera sus dedos y me hiciera gozar por ahí ¡Creo que si me hubiese pedido penetrarme por detrás, hubiese accedido!

-¿Te gusta?

-Me encanta lo que veo.

Vi en sus ojos las ganas de venirse, reconozco ese brillo y me excita cuando lo percibo.

-¿Te quieres venir? Le pregunté moviéndome de arriba abajo y golpeándome contra su cuerpo.

-¡Si! Me contestó con voz entrecortada y mientras la sacaba y la metía.

-¡Dame más duro! Le exigí.

Él me obedeció dándome más duro y haciéndome gemir con más intensidad. Contraje las paredes de mi vagina para que sintiera más presión, lo ayudé rozando mi clítoris con fuerza. Cayó derrotado sobre mí, lo abracé y levanté mi pelvis para llenarme con mis sensaciones y mi orgasmo.

Sentí como mis ganas eran complacidas y empapadas de los mismos antojos. Hace tanto tiempo nadie lograba contagiar mi cuerpo de placer. Le abrí mis piernas para que se aprovechara de mí y él lo hizo, se vino feliz, lo sé, me lo confesó.

-¡Te moviste bien! Me dijo descansado y mirando el espejo mientras observaba nuestros cuerpos desnudos.

-¡Gracias! Le sonreí.

-¿Por qué?

-Porque hace algún tiempo no estaba preparada para sentir orgasmos y tu llegaste en el momento indicado y por eso quiero inmortalizarte en mis letras ¡Te voy a escribir una historia! Le prometí.

-¡Estaré encantado de leerla! Me aseguró.

Lo abracé. Sabía que era la última vez que lo vería.

-¡Tómame una foto para tu blog!  Me dijo y se puso de espalda. Grabé en mi memoria esa imagen.

Me gustó su propuesta, pero no tomé la foto. Muchos han querido ser protagonistas de mis historias, pero pocos me han querido regalar sus imágenes para ellas. Mateo le gustaba la idea y eso nos hacía compatibles.

Nos vestimos. Me dio un abrazo eterno y tierno. Salimos de la habitación en un taxi, tal cual como entramos. Me dejó en mi casa y él siguió para su hotel.

Cuando me acosté en mi cama leí su mensaje.

-¡La pasé muy bien esta noche! Descansa.

-¡Yo también! No escribí más.

Me dormí complacida y, aquí entre nos, un poco adolorida, pero felizmente comida.

La alarma de mi celular sonó. Me desperté rápidamente, el día pasó entero sin que me enviara un mensaje, yo sabía a lo que me atenía. El sexo casual es eso y viene con sus contradicciones.

-¿Cómo te fue? Preguntó Mariana después de tomar un sorbo de su café.

-¡Me folló delicioso!

-¿Y? Quiso indagar más.

-¡Nada! Tu sabes como son este tipo de encuentros.

-¡Bueno la pasaste rico! Es lo importante.

-¡Si! Es divino y se ve delicioso desnudo. Yo nunca había visto un hombre que se viera tan bien desnudo, era como un sueño de hombre. Le dije encantada.

Ella sonrió.

-¡Ya veo! Menos mal se fue. Me dijo.

-¡Si! Porque él me gustó. Le contesté.

Tomé una de las galletas y la mordí.

-¿Has hablado con él?

-Me dejó un mensaje diciéndome que le encantaría tomarse un café conmigo y verme otra vez, pero yo sé que es solo por cortesía.  Le comenté.

Ella me miró, sé lo que me quería decir, pero omitió las palabras.

-¡Vendrán otros más! ¿Lo sabes?

Acentué con mi cabeza y no le dije nada más.

Mateo me había gustado mucho para mi gusto, no esperaba sacar una historia de amor de Tinder, pero si esperaba que el caballero lo fuera hasta el final de sus días en la ciudad, pero para qué nos vamos a poner con sentimentalismo baratos. Conseguí lo que quería y nos follamos hasta el cansancio esa noche.

Y no tengo por qué mentirme a mí misma, no me arrepiento de haberle dicho que si a todas sus pretensiones, aunque a la larga hayamos compartido juntos tan poco tiempo y me haya quedado con el dilema de que fue un polvo pasajero que me hubiese gustado repetir.

Finalmente fuimos dos animales hambrientos que se rozaron los cuerpos para untarse de placer y quitarse las ganas de devorarse salvajemente y aunque me haya dicho que se quedaba con un lindo recuerdo mío, yo quedé con la vaga incertidumbre de que el caballero desapareció con la primera follada. Aunque aún tenga en mis recuerdos como se movía cuando me estaba penetrando en la silla de posiciones y como sentía su pene duro dentro de mi, con ganas de explotarse hasta venirse, con los ojos perdidos y las ganas alborotadas.

Si, yo quería que me volviera a follar para poder hacer otras pasiones realidad.

 

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Literatura Erótica

Entre Piernas – Historias Eróticas

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Ilustración: David Marin

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Por Violeta.

@historiasdecama

¡Se llama Abraham! He hablado muchas veces sobre él. Es el mismo que me ha inspirado y ha logrado que actúe como una actriz porno, metida en mi escena, con ganas de hacer mi mejor papel. A él no le importa tener sexo en una hamaca. Tiene una colección de fotos mías y sé de su propia boca, que las usa para masturbarse cada vez que recuerda los momentos en los que cabalgaba sobre él.

Abraham tiene los ojos cafés y le brillan como los rayos del sol en el atardecer. Una noche recibí un mensaje de texto donde me reclamaba que no lo describiera solamente así.

-Violeta ¡Yo tengo más cualidades! Dijo.

Y tiene razón. Es alto, tiene la piel bronceada, ama los deportes y aunque se cae más de una vez, ama la adrenalina que le despierta las olas del mar cuando hace surf. Le encanta la música y entre sus metas a destacar, siempre me decía que tenía que hablar perfectamente español, en esta última petición, también lo complací.

Muchas veces me miraba con ternura y me cogía con locura. Solía perder la cabeza cuando no le entendían y sonreía para llevar la fiesta en paz. Su sonrisa la tengo marcada en mi memoria, fue la clave de mi perdición por él, desde la segunda vez que lo vi, supe que iba a enviciarme.
Abraham representa todo lo que me hace vibrar, es una mezcla de pasión y lujuria que despierta en mi los más extremos deseos de complacerlo en todo, y aunque me cueste aceptarlo, estoy obsesionada con la conexión sexual que existe entre los dos ¡Me encanta! Él sabía lo que quería justo cuando lo necesitaba.

De sus obsesiones por mí, están las pervertidas ganas de siempre follarme al aire libre y de mi debilidad por él, estaba complacerlo cuantas veces él quiso.

Ya teníamos un día y medio en el parque natural ubicado a las afueras de la ciudad. Las olas del mar y la arena en los pies nos acompañaban en el largo camino, el calor era inclemente. En la mañana nos habíamos levantado complaciendo nuestras ganas en una hamaca, al aire libre, sin pudor y sin miedos. Respirando naturaleza y pasión.
Llevábamos más de 30 minutos caminando, el sol estaba a punto de caer y la gente comenzaba a desaparecer de la playa. Nosotros, al contrario, apenas llegábamos. Queríamos ver el atardecer, pasear sin tantos testigos, besarnos bajo el romanticismo.

-¡Estoy cansada! Le dije después de tomar un sorbo de agua.

-¡Camina! ¿Para qué tienes ese culo tan grande? Muévelo. Dijo riéndose.

-¡Para ponerme en cuatro cuando tú quieras! Le contesté.

-¡Verdad! Me tomó de la mano.
Estábamos disfrutando de nuestro tiempo en soledad, nos observábamos los gestos, las sonrisas y, de vez en cuando, nos miramos con apetito.

Él siempre me mira así, es el punto de detonación de nuestros mensajes codificados.
Es innegable la atracción entre los dos, nos invade las ansias de estar juntos a pesar de las innegables diferencias, entre esas el idioma. Su español es disperso y tengo que hacer un esfuerzo grande para intentar descifrar cada frase que me quiere decir. Él no quiere que hablemos en inglés, en eso fue algo egoísta. Prefiere practicar el español y, entonces, me sometió a entender su español de mierda ¡Que más da! El lenguaje del sexo es más poderoso que el de las palabras y yo aprendí a entenderlo sin tanto afán y debo confesar que me encanta el enredo de palabras que dice a diario.

¡Suena curioso, tierno y rudo a la vez!
Nos detuvimos, él abrió un pareo gigante que me compró en su último viaje a Brasil, lo colocó en la arena. Los rayos del sol se reflejaban en su pelo castaño claro y sus ojos tenían un brillo insinuante. Yo solía llamarlo pelo curly, sacándole chiste a su pelo crespo.
La vista era perfecta. El va y ven de las olas del mar, su color azul profundo y el verde de las palmeras dibujaban un paisaje digno de una foto para Instagram. Tomé varias para tenerlas de recuerdo. En la lejanía jugueteaban unos chicos en las piedras, se escuchaban risas y parecían estar muy entretenidos.

-¡Creo que ellos también están enamorados! Me comentó.

Me acosté sobre el pareo. Miré hacia el cielo y me perdí en las figuras de las nubes. Él me interrumpió con un beso en mi cuello. Su barbilla acarició mis hombros y sentí toda la emoción de sus deseos. Comenzó a besarme con ternura, si, rara vez lo hace así cuando sus intenciones son otras.

-¡Que lindo es el atardecer! Dijo mientras me abrazaba. Mi cuerpo sostenía al suyo, parecían estar bajo la misma piel.
De pronto tuvo un ataque de arrebato, me jaló por mi brazo y corrió hacia al mar. Caímos al mismo tiempo en el agua, me levantó con fuerza y me cargó. Quedamos frente a frente. Centrados en el mismo universo y juntos como siempre he deseado.
-¡El agua está fría! Le dije abrazándolo.
-¡No seas aburrida!¡Ven y yo te caliento! Me contestó con un lengüetazo por mis labios. Su pene ya estaba grande.
-¡Más luego! Le dije. Me bajé, salí del agua y volví a sentarme sobre el pareo.
El cielo estaba casi naranja. Él salió del mar también, se paro frente a mi y soltó una sonrisita que le iluminó su cara.
-¿Qué pasó? Le pregunté. Aunque yo ya sabía sus intenciones, lo conozco, lo llevo en la sangre.
-¡Los chicos ya se fueron! Respondió con un leve tono de malicia.
Miró hacia la izquierda y hacia la derecha, se percató de que no estuviera nadie más merodeando por la playa y sin pensarlo más se lanzó sobre mí, me besó hasta llegar a mi obligo, me bajó la tanga y metió su lengua en mi entre piernas. Comenzó a lamerme suave y luego con intensidad. Los vellos de mi piel se erizaba y quería más.
-¡Estás mojada! Me miró con esos ojos llenos de lascivia.

-¡Yo siempre estoy mojada contigo! Le dije.

Se le notaba el hambre por mí, su respiración estaba agitada y sus manos traviesas me manoseaban. Eso era lo que más me gustaba de él, sentirme deseada, sentirme única.
-¡Espera, hay gente! Le dije tratando de detenerlo. Sin embargo no me importó, me moví para pegarme más a su cuerpo, sus manos acariciaban mis tetas, mis pezones estaban fuertes esperando su lengua. Mi respiración se tornó más intranquila cuando se detuvo y me miró con esa necesidad de follarme sin descanso.
-¡Te quiero! Me susurró cerca a mi oreja. El corazón me palpitó feliz con esa confesión. Me besó los labios, siempre me besaba delicioso, mi vagina estaba húmeda solo con sus besos, su lengua se impregnaba de mi olor, me lamía con desenfreno todo mi cuerpo. La mágica impertinencia de su lengua hace que quiera siempre más.
-¿Aquí? Pregunté. Estaba algo incómoda, pero ya no nos importaba nada, solo complacernos y sin tantos miedos desatar nuestras lujurias.
-¡Y ahora! Me respondió.

-¿Qué es lo que más te gusta de mi? Le pregunté.
-¡Que yo quiero darte duro y tu siempre quieres que lo haga! Me contestó. Abrió mis piernas y metió sus dedos dentro de mi vagina, los movió con suavidad, con su lengua volvió a sacudir mi clítoris deseoso de que me metiera su pene y no parara hasta mi orgasmo.
Su cuerpo estaba pegado al mío, ya imposible de despegarse. Me sostuvo fuerte por mi culo, yo tenía mis piernas abiertas, él estaba adentro de mi. La brisa despeinaba aún más mi pelo. Un gemido fuerte desató su furia.

-¿Qué sientes? Pregunté para satisfacer mi ego.
-¡Profundo! Contestó.
Solo eran testigo la inmensidad del mar y la del cielo. Un atardecer lleno de pasión donde el sol se escondía para dejarnos en libertad.
Éramos él y yo. Solamente él y yo, una vez más desatándonos y saciando nuestro apetito.
-¡Grítalo! Me dijo mientras hacía movimientos circulares con más fuerza. Su sudor y el mío recorriendo nuestros cuerpos bañados de éxtasis.
-¡Dame más duro! Lo complací.
-¿Así? Me preguntó. Su expresión era como la de un lobo feroz que solo quería devorar a su presa. Sus ojos lo han dicho todo siempre y ese brillo me calienta más. Me inmovilizó las manos y desencadenó toda su furia sobre mi, me dio con ganas y sin parar.
Sentí como poco a poco se debilitaba, su cuerpo temblaba, conocía cuando se iba a venir, casi siempre sincronizamos nuestros orgasmos.
Me moví hacía adelante, pegando más mi clítoris con sus partes, buscando más mi placer. Dos gemidos prolongados y simultáneos cerraron nuestra gloria, justo con la caída del sol.
-¡Perfecto! Dijimos al mismo tiempo. Tomó con sus manos mi cara, me besó con satisfacción. Bajó la cabeza y descansó sobre mis tetas.

¡Eres la mejor! Dijo suspirando entre dientes.
No le contesté. Él ya sabía que mis entre piernas ya no tenían otro favorito. Estoy presa de mis pasiones por él. Fuerte cuando lo miro a los ojos y sé lo que me dice. Es mi inspiración para contar letras profundas, un sin fin de malos pensamientos y proposiciones genuinas. Sabe como navegar en mi.

Rompí el silencio antes de que llegara la noche.

-Abraham, sabes como hacerte inolvidable, sabes como hacerte desear.

-¿Hablas de ti, Violeta?

-No, hablo de ti amor. Suspiré.

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