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Literatura Erótica

Entre Piernas – Historias Eróticas

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Ilustración: David Marin

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Por Violeta.

@historiasdecama

¡Se llama Abraham! He hablado muchas veces sobre él. Es el mismo que me ha inspirado y ha logrado que actúe como una actriz porno, metida en mi escena, con ganas de hacer mi mejor papel. A él no le importa tener sexo en una hamaca. Tiene una colección de fotos mías y sé de su propia boca, que las usa para masturbarse cada vez que recuerda los momentos en los que cabalgaba sobre él.

Abraham tiene los ojos cafés y le brillan como los rayos del sol en el atardecer. Una noche recibí un mensaje de texto donde me reclamaba que no lo describiera solamente así.

-Violeta ¡Yo tengo más cualidades! Dijo.

Y tiene razón. Es alto, tiene la piel bronceada, ama los deportes y aunque se cae más de una vez, ama la adrenalina que le despierta las olas del mar cuando hace surf. Le encanta la música y entre sus metas a destacar, siempre me decía que tenía que hablar perfectamente español, en esta última petición, también lo complací.

Muchas veces me miraba con ternura y me cogía con locura. Solía perder la cabeza cuando no le entendían y sonreía para llevar la fiesta en paz. Su sonrisa la tengo marcada en mi memoria, fue la clave de mi perdición por él, desde la segunda vez que lo vi, supe que iba a enviciarme.
Abraham representa todo lo que me hace vibrar, es una mezcla de pasión y lujuria que despierta en mi los más extremos deseos de complacerlo en todo, y aunque me cueste aceptarlo, estoy obsesionada con la conexión sexual que existe entre los dos ¡Me encanta! Él sabía lo que quería justo cuando lo necesitaba.

De sus obsesiones por mí, están las pervertidas ganas de siempre follarme al aire libre y de mi debilidad por él, estaba complacerlo cuantas veces él quiso.

Ya teníamos un día y medio en el parque natural ubicado a las afueras de la ciudad. Las olas del mar y la arena en los pies nos acompañaban en el largo camino, el calor era inclemente. En la mañana nos habíamos levantado complaciendo nuestras ganas en una hamaca, al aire libre, sin pudor y sin miedos. Respirando naturaleza y pasión.
Llevábamos más de 30 minutos caminando, el sol estaba a punto de caer y la gente comenzaba a desaparecer de la playa. Nosotros, al contrario, apenas llegábamos. Queríamos ver el atardecer, pasear sin tantos testigos, besarnos bajo el romanticismo.

-¡Estoy cansada! Le dije después de tomar un sorbo de agua.

-¡Camina! ¿Para qué tienes ese culo tan grande? Muévelo. Dijo riéndose.

-¡Para ponerme en cuatro cuando tú quieras! Le contesté.

-¡Verdad! Me tomó de la mano.
Estábamos disfrutando de nuestro tiempo en soledad, nos observábamos los gestos, las sonrisas y, de vez en cuando, nos miramos con apetito.

Él siempre me mira así, es el punto de detonación de nuestros mensajes codificados.
Es innegable la atracción entre los dos, nos invade las ansias de estar juntos a pesar de las innegables diferencias, entre esas el idioma. Su español es disperso y tengo que hacer un esfuerzo grande para intentar descifrar cada frase que me quiere decir. Él no quiere que hablemos en inglés, en eso fue algo egoísta. Prefiere practicar el español y, entonces, me sometió a entender su español de mierda ¡Que más da! El lenguaje del sexo es más poderoso que el de las palabras y yo aprendí a entenderlo sin tanto afán y debo confesar que me encanta el enredo de palabras que dice a diario.

¡Suena curioso, tierno y rudo a la vez!
Nos detuvimos, él abrió un pareo gigante que me compró en su último viaje a Brasil, lo colocó en la arena. Los rayos del sol se reflejaban en su pelo castaño claro y sus ojos tenían un brillo insinuante. Yo solía llamarlo pelo curly, sacándole chiste a su pelo crespo.
La vista era perfecta. El va y ven de las olas del mar, su color azul profundo y el verde de las palmeras dibujaban un paisaje digno de una foto para Instagram. Tomé varias para tenerlas de recuerdo. En la lejanía jugueteaban unos chicos en las piedras, se escuchaban risas y parecían estar muy entretenidos.

-¡Creo que ellos también están enamorados! Me comentó.

Me acosté sobre el pareo. Miré hacia el cielo y me perdí en las figuras de las nubes. Él me interrumpió con un beso en mi cuello. Su barbilla acarició mis hombros y sentí toda la emoción de sus deseos. Comenzó a besarme con ternura, si, rara vez lo hace así cuando sus intenciones son otras.

-¡Que lindo es el atardecer! Dijo mientras me abrazaba. Mi cuerpo sostenía al suyo, parecían estar bajo la misma piel.
De pronto tuvo un ataque de arrebato, me jaló por mi brazo y corrió hacia al mar. Caímos al mismo tiempo en el agua, me levantó con fuerza y me cargó. Quedamos frente a frente. Centrados en el mismo universo y juntos como siempre he deseado.
-¡El agua está fría! Le dije abrazándolo.
-¡No seas aburrida!¡Ven y yo te caliento! Me contestó con un lengüetazo por mis labios. Su pene ya estaba grande.
-¡Más luego! Le dije. Me bajé, salí del agua y volví a sentarme sobre el pareo.
El cielo estaba casi naranja. Él salió del mar también, se paro frente a mi y soltó una sonrisita que le iluminó su cara.
-¿Qué pasó? Le pregunté. Aunque yo ya sabía sus intenciones, lo conozco, lo llevo en la sangre.
-¡Los chicos ya se fueron! Respondió con un leve tono de malicia.
Miró hacia la izquierda y hacia la derecha, se percató de que no estuviera nadie más merodeando por la playa y sin pensarlo más se lanzó sobre mí, me besó hasta llegar a mi obligo, me bajó la tanga y metió su lengua en mi entre piernas. Comenzó a lamerme suave y luego con intensidad. Los vellos de mi piel se erizaba y quería más.
-¡Estás mojada! Me miró con esos ojos llenos de lascivia.

-¡Yo siempre estoy mojada contigo! Le dije.

Se le notaba el hambre por mí, su respiración estaba agitada y sus manos traviesas me manoseaban. Eso era lo que más me gustaba de él, sentirme deseada, sentirme única.
-¡Espera, hay gente! Le dije tratando de detenerlo. Sin embargo no me importó, me moví para pegarme más a su cuerpo, sus manos acariciaban mis tetas, mis pezones estaban fuertes esperando su lengua. Mi respiración se tornó más intranquila cuando se detuvo y me miró con esa necesidad de follarme sin descanso.
-¡Te quiero! Me susurró cerca a mi oreja. El corazón me palpitó feliz con esa confesión. Me besó los labios, siempre me besaba delicioso, mi vagina estaba húmeda solo con sus besos, su lengua se impregnaba de mi olor, me lamía con desenfreno todo mi cuerpo. La mágica impertinencia de su lengua hace que quiera siempre más.
-¿Aquí? Pregunté. Estaba algo incómoda, pero ya no nos importaba nada, solo complacernos y sin tantos miedos desatar nuestras lujurias.
-¡Y ahora! Me respondió.

-¿Qué es lo que más te gusta de mi? Le pregunté.
-¡Que yo quiero darte duro y tu siempre quieres que lo haga! Me contestó. Abrió mis piernas y metió sus dedos dentro de mi vagina, los movió con suavidad, con su lengua volvió a sacudir mi clítoris deseoso de que me metiera su pene y no parara hasta mi orgasmo.
Su cuerpo estaba pegado al mío, ya imposible de despegarse. Me sostuvo fuerte por mi culo, yo tenía mis piernas abiertas, él estaba adentro de mi. La brisa despeinaba aún más mi pelo. Un gemido fuerte desató su furia.

-¿Qué sientes? Pregunté para satisfacer mi ego.
-¡Profundo! Contestó.
Solo eran testigo la inmensidad del mar y la del cielo. Un atardecer lleno de pasión donde el sol se escondía para dejarnos en libertad.
Éramos él y yo. Solamente él y yo, una vez más desatándonos y saciando nuestro apetito.
-¡Grítalo! Me dijo mientras hacía movimientos circulares con más fuerza. Su sudor y el mío recorriendo nuestros cuerpos bañados de éxtasis.
-¡Dame más duro! Lo complací.
-¿Así? Me preguntó. Su expresión era como la de un lobo feroz que solo quería devorar a su presa. Sus ojos lo han dicho todo siempre y ese brillo me calienta más. Me inmovilizó las manos y desencadenó toda su furia sobre mi, me dio con ganas y sin parar.
Sentí como poco a poco se debilitaba, su cuerpo temblaba, conocía cuando se iba a venir, casi siempre sincronizamos nuestros orgasmos.
Me moví hacía adelante, pegando más mi clítoris con sus partes, buscando más mi placer. Dos gemidos prolongados y simultáneos cerraron nuestra gloria, justo con la caída del sol.
-¡Perfecto! Dijimos al mismo tiempo. Tomó con sus manos mi cara, me besó con satisfacción. Bajó la cabeza y descansó sobre mis tetas.

¡Eres la mejor! Dijo suspirando entre dientes.
No le contesté. Él ya sabía que mis entre piernas ya no tenían otro favorito. Estoy presa de mis pasiones por él. Fuerte cuando lo miro a los ojos y sé lo que me dice. Es mi inspiración para contar letras profundas, un sin fin de malos pensamientos y proposiciones genuinas. Sabe como navegar en mi.

Rompí el silencio antes de que llegara la noche.

-Abraham, sabes como hacerte inolvidable, sabes como hacerte desear.

-¿Hablas de ti, Violeta?

-No, hablo de ti amor. Suspiré.

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Sexo en California, besos en California y muchos orgasmos deliciosos – PARTE I

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@historiasdecama

Por Violeta

Sexo en California, besos en California y muchos orgasmos deliciosos en California.

Abraham me tiene loca. Quiero que me folle todo el tiempo. Sí, quiero estar siempre entre sábanas con él y gritarle que me dé más duro. Montarlo como una fiera y cabalgar encima de él hasta venirme y botar mi último deseo.

¿Sabes cuál es? Que me folle de día, de noche y todos los días.

Una vez vi por Instagram un body que solo me tapaba la parte debajo de mi ombligo, llevaba unas cintas que cruzaban por los senos y unas cadenas que guindaban para darle sensualidad sin verme vulgar. Sin embargo, a mí no me importaba. Yo solo quería que cuando lo tuviera puesto, él se enloqueciera y fantaseara con meterme sus deseos y su pene. Así como se lo imaginan, su pene grande, duro y loco por mí. Porque si de algo estaba segura, era que él también estaba loco por mí.

Guardé la foto y se la mostré a una amiga diseñadora. Ella fue mi cómplice en semejante estrategia que implicaba que el pene de mi hombre se endureciera solo con verme y si aún tocarme.

Habíamos llegado a un motel en California.

Él bajó por nuestras maletas. Aproveché para darme un baño rápido. Me puse mi body y me veía tal cual como quería. Como una perra acechando a su presa. Me miré más de una vez en el espejo y me encantó el resultado. Yo sabía cuáles serían las consecuencias y en que terminaría mi noche. Lo conozco tanto, sé cómo huele, sé a qué sabe cada uno de sus besos y lo entiendo solo con ver el brillo de sus ojos. Si, sé como dominarlo. Él es un animal salvaje y eso me encanta.

historiasdecama

De pronto, me interrumpió cuando intentó abrir con fuerza la puerta de la habitación, yo le había puesto el seguro para que no me sorprendiera y descubriera mi regalo para él.

– ¡Violeta! ¿Qué haces? Me preguntó con el ojo metido en la rejilla entre el marco y la puerta.

Reaccioné rápidamente, puse un camisón largo encima y corrí a abrir la puerta.

-Amor ¿Por qué estabas encerrada? ¿Qué hacías? Preguntó con curiosidad.

-¡Nada! Le respondí. Te demorabas mucho y me dio miedo que alguien me abriera la puerta por equivocación.

No dijo nada, me dio un beso en la frente y se quitó la ropa que estaba usando y se sentó en el escritorio donde tenía el computador encendido para comenzar a trabajar.

Yo me acosté en la cama y comencé a perder el tiempo en internet.

-¿Tienes hambre? Me preguntó. Lo conozco, me miró con lascivia y eso me tenía mojada.

-¡De ti! Le contesté. Sonrió, me gusta cuando sonríe, se le hace una expresión en la frente y sus ojos caídos se vuelven más pequeños, pero aún puedo verles el color y su brillo cambia cuando quiere meter sus dedos entre mi ropa.

violeta

Se tiró en la cama, cayó encima de mí, me besó, se saboreó con mi lengua hasta meter sus dedos entre mis tangas y palpar mis humedades.

-¡Estás mojada! Y se apretó más contra mi cuerpo.

Con sus manos manoseo mi abdomen hasta que descubrió las cadenas y más arriba mis tetas al aire.  Me quitó con fuerza el blusón que tenía puesto.

-OMG, WOW. Expresó sorprendido.

-Me encanta! Me miró con deseo. Yo estaba acostada debajo de él, luciendo mi atuendo y mis ganas de que me penetrara duro y sin descanso.

-Siendo lastima por tu body, ¡Lo voy a dañar!  Me dijo lamiéndome los pezones.

No quería preámbulos.

-¡Métemela! Le ordené. Él me complació. Abrió mis piernas y me miró con ansias. Sentí como su pene penetraba mis entrañas y me hacía palpitar con fuerza mi clítoris.

Continuará…

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Descarga el Kamasutra para la comunidad LGBTI creado en Colombia

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El 2019 es un año importante para las comunidades LGBTI del mundo, ya que este 28 de junio se cumple medio siglo de la ‘Batalla de Stonewall’, uno de los eventos que cambiaron la historia de las lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales, al ser considerado como la primera lucha masiva por el respeto y la igualdad de esta comunidad.

Justamente, en el marco de esta fecha, que año tras año celebra el orgullo LGBTI, y con el objetivo de demostrar que el placer viene en todas las formas, colores y tamaños; se ha hecho en Colombia –por primera vez- una versión del Kamasutra para que, quienes son heterosexuales y quienes hacen parte del diverso grupo sexual y de género, LGBTI, disfruten al máximo con sus parejas en la intimidad, puesto que la sexualidad es tan amplia y diversa y puede practicarse libremente por todos, no sólo por parejas conformadas por un hombre y una mujer.

Kamasutra, placer para todos los gustos, es el título de esta edición creada por Durex, marca número uno de condones que –sin tapujos- lidera y apoya la diversidad e inclusión en Colombia, brindando los medios para hacerlo, no solo con posiciones, sino con accesorios propios del placer.

Por eso, se atrevieron a cambiar el Kamasutra, y crearon uno que incluyera todos los espectros de la sexualidad. Con seis capítulos, el libro enseña a sus lectores desde diferentes técnicas para aplicar entre parejas del mismo sexo, las cuales van más allá e incluyen geles y anillos vibradores; hasta prácticas eróticas para personas transgénero y género-expansivas, que ponen la imaginación a volar.

Esta oda al placer puede descargarse gratis aquí a su dispositivo móvil o laptop y también se puede comprar en Rappi y Merqueo en combo con condones, anillos y lubricantes de la marca.

El juego antes del juego, posiciones sexuales, After Care, la masturbación, placer en solitario; Self-Love y sobre sexualidad Trans, son algunas de las secciones del Kamasutra, placer para todos los gustos en las que el lector se deleitará con no sólo una oda al placer, que hay que disfrutarla de principio a fin, sino que descubrirá por qué la sexualidad es tan diversa como los seres humanos y por qué todos sentimos placer “sin importar en el empaque en el que venimos”.

Según una investigación realizada por especialistas de la Universidad de Wollongong, en Australia, mantener relaciones sexuales de forma habitual puede ser bueno para la memoria. Por su parte, la revista Journal of Sexual Medicine, concluyó que las parejas homosexuales tienen mejor sexo y más orgasmos compartidos que las parejas heterosexuales.

 

En promedio, cada colombiano compra al año unos ocho condones, una cifra realmente baja si se tiene en cuenta que, en parejas sexualmente estables, una mujer puede llegar a tener 83 relaciones en los doce meses del año, mientras que, el promedio de encuentros sexuales de un hombre, es de 103.

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Un 10 a mi nuevo encoñamiento

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Por Violeta.

@historiasdecama

 

Entramos a la habitación de un hotel viejo de la ciudad donde él se estaba hospedando desde hace algunas semanas. Me contó que había llegado a Colombia con ansias de explorar, de ganar experiencias y de entrar en la cultura de la ciudad. A pesar de ser nada lujoso, al menos estaba limpio y tenía baño privado.

Era un hostal en la ciudad vieja, bien localizado, cerca de restaurantes y playas.. El abanico de techo era un poco ruidoso y viejo, el aire acondicionado funcionaba cuando se le daba la gana. La habitación era estrecha,  había una cama doble de madera y una mesa donde tenía su computador.

Las paredes fueron testigo de nuestros primeros encuentros sexuales. Sexo muy bueno y excitante, pero no tan esplendoroso como lo es ahora.

¡Supe que iba  a peder la cordura por él, cuando lo ví por segunda vez!

Días de playa y noches de cenas en restaurantes deliciosos. Un par de besos apasionados y una agarradita de manos mientras caminábamos por la ciudad. Algunas noches mirando perdidos el techo, suspirando cada orgasmo. Descansando nuestras ganas.

Me encanta la mezcla de raza que tiene, su belleza es extraña pero me fascina. Es alto, de piel bronceada y cuerpo atlético. No me voy a equivocar en afirmar que ha sido lo mejor que ha dormido en mi cama y estoy obsesionada con la agresividad con la que me miran sus ojos cafés cuando está a punto de venirse.

Esa noche habíamos cenado en  un exquisito restaurante de comida de mar. Nos habíamos tomado dos copas de vino cada uno. Al entrar a la habitación me desvestí mientras él se acostaba en la cama, me abrazó con efusión, cada vez que lo tengo cerca, siento que su olor humedece mi entrepiernas y  mis labios están ansiosos por más besos calientes.

Es fácil que él descubra las ganas que le tengo porque con solo meter sus dedos dentro de mis tangas y acariciar mi clítoris, puede manosear mi vagina empapada.

-¡Tengo sueño! Me dijo después de darme un beso en mi mejilla.

Entré al baño a cepillarme los dientes y decidí tomar una ducha antes de dormir.

-¿Qué haces? Escuché que me decía desde la habitación.

-¡Me baño! Le contesté mientras me enjabonaba.

Sentí el ruido de la puerta cuando la abrió y me invadió en la ducha. Sentí sus manos sobre mi espalda, me giró, me acarició  y  me besó el cuello y justo debajo de mis orejas. Yo le respondí jalándolo por el cuello y  besándolo en la boca.  Me alzó por mis nalgas, alcancé a sujetarme con fuerza en el marco de la puerta. Mi cuerpo estaba en el aire pegado al suyo, comenzó a cogerme y mientras lo hacía, el agua de la ducha caía sobre nosotros sin apagarnos la calentura.

-¡I have a man! (tengo un hombre) Le dije.  Él me contestó con una desenfrenada pasión que me dejó sin aliento a replicas.

Me sacó del baño cargándome entre sus brazos, me tiró en la cama y me lamió todo mi cuerpo desnudo. Sus manos me encendían con la intención de hacerme venir.

Ya conozco sus gestos y sé cuando está a punto de llegar y es justo ahí donde   siempre  le digo.

-¡Dame más duro! Él me obedeció y con toda la fuerza de su cuerpo me dio más duro.

Me miró perdiéndose en mis ojos, un soplo de satisfacción iluminó su cara. Yo entendí cada expresión con la que desataba su complacencia.

Mis piernas comenzaron a temblar, las alcé para hacerle más estrecho el paso, con un grito que guió el final. Lo abracé con fuerza contra mi cuerpo flotando en el aire. Le mordí las orejas y los labios. Presioné su mano contra la cama. Ambos caímos derrotados ante nuestra pasión. Nuestros cuerpos desnudos amándose sin límites, eran él y el color de sus ojos que me tenían muerta de pasión.

-¡Lo amo! Me Dijo.

-¿A quién?

¡A él! Con su mano derecha agarró con fuerza mi culo. Una explosión de sensaciones aferradas.

Nos quedamos dormidos ahí, uno junto al otro. Respirando el mismo aire y cubriéndonos bajo las mismas sábanas, testigos de esa noche.

El sol entró fuerte por la ventana. Sus ojos aún cerrados y con pocas expresiones de pereza en su rostro. Dormía y se veía tan perfecto, así como las líneas de sus labios y la caída de su nariz.

Le di un beso en espalda y  sonrió, me abrazó con sentimiento y suspiró en mis oídos. Sus manos acariciaron mi pelo. Quise decirle cuanto lo amaba, pero  lo dejé a su imaginación.

– ¡Me gustan más las mañanas contigo porque cuando te abrazo me siento un nuevo hombre! Susurró abrazándome con más fuerza.

Quisiera que nunca me soltara, simplemente cuando miro sus ojos cafés, eso lo más cercano a la felicidad.

No hay dudas, supe que iba a perder la cordura por él,  cuando lo ví por la segunda vez que lo vi.

Continuará.

 

 

 

 

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69 sensaciones

Mi vagina estaba mojada, la sentía empapada, la rocé con mis dedos para calmar las pulsaciones.

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Photo: Pinterest

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Por Violeta.

@historiasdecama

Hablando de masturbaciones y voyerismo

Me levanté con calor, sedienta y mojada. Mi ansiedad no se calmaba ni con un baño de agua fría y menos si intentaba masturbarme y quitarme las ganas solita. Aunque a veces me funciona, esta vez era tan fuerte y profunda que nada podia ayudarme a recobrar la cordura. La lejanía y la falta de sexo han hecho que mi vagina se impaciente por la necesidad de que la penetren. Siempre deseosa de su cuerpo y ese era el gran problema. Lo estaba extrañando a él y a su perfecta forma de complacerme. El café de la mañana, los huevos esponjados y las tostadascon el toque más perfecto ¡Su sonrisa!
Y pienso ¿Qué hago aquí sin él? Los recuerdos me azotan la imaginación. Las tantas veces que me arrebataba un beso, me alzaba por mi culo y me cogía con toda esa fuerza salvaje que lo caracteriza. No hay mejor polvo que él y nadie ha dado en el punto de hacerme gemir con tanta vehemencia como lo hace él, de día y de noche.
Teníamos sexo perfecto, enloquecido y enfermo. Nuestra conexión y nuestros cuerpos encajaban sin defectos, él sabía cuando yo quería suave y cuando duro. Nos reconocíamos, ese era nuestro gran secreto, conocernos en cada gesto y cada pedazo de piel.

Estaba en mi cama, llena de sábanas y solitaria, me azotaba la peor de las incertidumbres, la necesidad. Ya son 69 días sin él y sin su mejor parte, mi favorita.

Me llamó por video, le contesté enseguida, la emoción que me invadía. Lo vi con esa mirada lasciva que se desbordaba y quería traspasar la cámara. Coincidimos en nuestros deseos, parece que hubiese olido mis ganas. Sus ojos cafés brillaban igual que cuando llegaba al orgasmo encima de mí. Él casi siempre estaba encima de mi cuando se venía, no por cuestión de falta de creatividad en las posiciones, al contrario, era porque en esa yo podía mirarlo fijamente a los ojos y saber que pasaría luego de que le dijera que me diera más duro. Cuando me daba más duro, siempre terminaba la faena, era el punto de éxtasis y si yo no alcanzaba a llegar al mismo tiempo, él provocaba mi orgasmo justo en los segundos posteriores. Su pene nunca bajaba de tamaño enseguida, siempre con una firmeza infinita y deliciosa seguía moviendo al compas de mi vagina para hacerme gemir más duro. Creo que llegaba más a su punto limite cuando me veía a mi, perdida en mi placer.
-¡Déjame verte! ¡Muévete! ¡Quiero verlo bien! Me dijo.
Le sonreí. Y me puse a medio lado.
Se refería a mi culo, delira con él, me lo ha repetido una y otra vez. Dice que nadie lo calienta como lo hago yo, que solo con recordarme se excita, que soy la dueña de sus erecciones. Esa confesión me sube el ego, me moja las entrañas y me acosa los buenos pensamientos. ¡Me encanta saberlo!
-¡Es perfecto! Dijo. Tenía su pene entre sus manos. Lo manoseaba y me lanzaba miradas pervertidas.
Podía verlo por debajo de su pantalón, crecía como un sayayín revolucionario. Siempre me llama cuando tiene ganas de mí, con su pene tamaño extra grande me hace delirar, quisiera que me follara siempre, sin limites de hora.
-¡Nadie lo hace crecer como tú! Me dijo. Sentía pulsaciones en mi vagina, me encanta saber que nadie provoca sus ganas mejor que yo.

-¡Soy una actriz porno! ¡Deberías pagarme por esto! Le sonreí.
-¡Exclusiva para mi! Contestó.

Me quité la ropa, quedé en tangas y con las tetas al aire. Comencé a coquetearle tirándole besos y tocándome las tetas.
¿Te gusta? Lo miraba fijamente.
Él estaba incómodo, lo sé.
-¡Si sigues así me tocará ir corriendo para el baño!
-¡No! ¡Quiero verte mientras lo haces! Le supliqué.
Abrió la corredera de su pantalón y me mostró al culpable de mis perturbaciones, dueño de todas mis sensaciones y posiciones. Su pene era justo lo que yo quería ver. Deseaba que me cogiera por mi pelo largo y me sometiera a sus perversiones. Besarlo hasta que se viniera en mi boca, o mejor hasta enloquecerlo y me penetrara sin tenerme compasión. Pero la distancia era nuestro enemigo y esa calentura no podía satisfacerla con toda esa adrenalina con la que me la estaba imaginando.
Estaba completamente desnuda, con mis pezones impacientes, con ganas de sentir su lengua mojándolos. Hacia lo que él me decía. Le abrí mis piernas frente a la cámara. Le dejé ver mis secreciones, me volteé y me puse en cuatro.
Con su expresión lo dijo todo,
-¡Justo ahí te quiero dar! Tenía las manos desgastadas, movía su pene a su gusto.

Me mantuve en esa posición por unos segundos. Mi vagina estaba mojada, la sentía empapada, la rocé con mis dedos para calmar las pulsaciones. Sentí su respiración entre cortada hasta que escuché un suspiro.

-¡No te imaginas cuanto te extraño! Expresó.
Nos miramos fijamente, él sonrió y recordé esa mirada perdida, el mismo reflejo lo tiene cuando se viene encima de mi, con todas sus perversiones a flote. Fueron 69 sensaciones juntas.
-Violeta, no es bueno que me masturbe frente a ti.
Lo miré sin remordimientos,
-¡Ya cállate, a mí me encanta! Le dije.

 

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